«La desgana es comprensible. Tanto los partidos como los candidatos están cansados por la tensión de las elecciones pasadas, en las que, aunque privadas de dramatismos exteriores y de espectacularidad, el pueblo debió escoger entre dos modelos de sociedad. Los españoles escogieron la sociedad moderada de Suárez y de su Unión del Centro (una democracia cristiana sin curas), y los partidos derrotados hacen examen de conciencia. (...)Lo han hecho ya los comunistas con una abierta censura de Santiago Carrillo a sus compañeros de Cataluña, que, según, su criterio, han sido demasiado catalanes. (...) Los comunistas catalanes rechazan, también con aspereza, los criterios del líder madrileño. (...)
Carrillo había propuesto a González una especie de pacto para las elecciones municipales. Los socialistas no lo aceptaron. Pero afirman que, si después del 3 de abril un comunista se encuentra en mejor posición que un socialista para la conquista de un cargo de concejal, decidiremos lo que se debe hacer. La dirección socialista, y Felipe González a la cabeza, afirman no tener ningún temor respecto al próximo Congreso del partido, que debe decidir el abandono del marxismo. (...)»
14 marzo
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 18 de marzo de 1979