El Festival de la Opera de Pro Música comenzó con la representación de La traviata, en una versión sentida y muy equilibrada. Cantantes, escenografía, coro y orquesta, todo ello brilló por la calidad que, de manera armoniosa y espontánea, lograría sumergirnos en una atmósfera real y emotiva. La ópera, que, de hecho, gira alrededor del contrastado y dificil personaje de Violeta, es todo un alarde del bel canto.Fue la cantante Catherine Malfitano la encargada de representar el papel de Violeta, y lo hizo muy bien. Plenamente identificada con el personaje, la Malfitano, aunque algo insegura en los comprometidos y ágiles floreos del primer acto, demostró un temperamento artístico muy notable. Su voz es bella, especialmente en los mezzoforti y en los pianissimi, donde consigue calidades de extraordinaria belleza. El tenor italiano Verlano Luchetti, en el papel de Alfredo, causó buena impresión. Su voz es bien timbrada y regía con un vibrato bien controlado y un fraseo elegante. Pero fue Joan Pons el otro triunfador de esta velada. Con aplomo y autoridad, este intérprete nuestro, cada vez más pletorico de facultades, nos brindó un Giorgio Germont enormemente expresivo y humano.
La traviata, de Verdi
Solistas: Catherine Malfitano, María Uriz, Cecilia Fondevila, Verlano Luchetti y Joan Pons. Orquesta y Coro del Gran Teatro del Liceo. Director: Edoardo Muller.Gran Teatro del Liceo, 18 de mayo
María Uriz, en el papel de Flora, y Cecilia Fondevila, en el de Anniana, estuvieron muy acertadas. La orquesta, en manos de Edoardo Muller, se expresó muy precisa y equilibrada. Ayudó de manera efectiva a resaltar la línea melódica de las voces.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 23 de mayo de 1982