vecinos de Tarragona, celebraron su boda de un modo bastante inusual. Al término de la ceremonia religiosa, y en la misma puerta de la iglesia, el nuevo matrimonio formó, con otros dos amigos, la base de una torre humana. Sobre ellos se izaron otros castellers. La esposa iba ataviada con el clásico vestido de novia.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 29 de junio de 1984