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Disuasión de altos vuelos

El Ejército del Aire elabora un plan estratégico que sea capaz de 'asustar' a un posible agresor

En un hipotético conflicto de España con países del norte de África, la suerte estaría echada hacía uno u otro bando en sólo tres horas de operaciones aéreas. En ese tiempo, los radar de alerta del sureste español serían destruidos y las bases aéreas sufrirían graves daños. El nuevo Plan Estratégico Conjunto, de próxima aprobación por el Gobierno, está basado en la disuasión, en la aspiración de que las Fuerzas Armadas cuenten con un potencial destructor capaz de eliminar la tentación de posibles agresiones procedentes de países norteafricanos.

"Interrumpimos la retransmisión en todas las emisoras de radio y televisión para darles a conocer el siguiente mensaje de la presidencia del Gobierno de la nación: hoy, día 14 de marzo de 1991, a las 7.30, hora local, las Fuerzas Aéreas de X han desencadenado una oleada de ataques a nuestras bases aéreas militares, estaciones de detección radar, aeropuertos y otros elementos de nuestro sistema de defensa aérea. Nuestras Fuerzas Aéreas, alertadas desde que comenzó la escalada de la tensión provocada por X, han repelido el ataque causando graves pérdidas al enemigo En previsión de posibles ataques aéreos contra núcleos de población, se solicita de todos los habitantes el estricto cumplimiento de las siguientes instrucciones proporcionadas por Defensa Civil...".Así cree el comandante de Aviación Eduardo Zamarripa que sería comunicado a la población el inicio de un conflicto bélico ole España con un país del norte de África, según se desprende de la descripción de los hipotéticos acontecimientos que se producirían a partir de ese momento. El citado comandante ha publicado en la revista oficial del Ejército del Aire un trabajo sobre qué ocurriría en las horas siguientes a un imprevisto ataque aéreo contra España desde el norte de África. En sólo tres horas -en las que se producirían combates aéreos para evitar la penetración enemiga y la salida de cazabombarderos españoles hacia el norte de África para destruir bases- "la suerte estaría un poco echada y sería muy dificil invertir la situación", asegura Zamarripa.

Tres 'picos' destruidos

En las condiciones militares actuales de España y de los países del Magreb, un ataque aéreo por sorpresa sobre territorio nacional realizado por tres diferentes formaciones de aviones "conseguiría la destrucción de los tres radar o picos de alerta y control orientados hacia la costa sureste de la Península y, muy probablemente, causaría enormes daños sobre las bases aéreas de Manises (Valencia), Los Llanos (Albacete) y Morón (Sevilla)", según un profundo estudio estratégico realizado recientemente por un jefe de Estado Mayor del Ejército del Aire.

No es casualidad que, según jefes militares que participaron en el ejercicio aéreo hispano-rnarroquí Atlas 84, los pilotos del país vecino "no están muy preparados en combates aire-aire, pero están mucho más sueltos en misiones de: ataque aire-tierra", según reconoce el coronel Leocrinio Almodóvar, jefe de la base de Los Llanos, cuyos aviones participaron en dicho ejercicio el año pasado.

Destruidos los citados radar de alerta -que son fijos y perfectamente visibles desde largas distancias por encontrarse en las cimas de montañas-, otros ataques aéreos posteriores ni siquiera serían advertidos en España con una antelación mínima para preparar la defensa de puntos vitales. Si el conflicto se prolongara, la situación podría llegar a deteriorarse a límites muy graves, porque los aviones de combate tendrían muy reducidas capacidades de respuesta, ya que, según ha reconocido un ex jefe del Estado Mayor del Ejército del Aire, las Fuerzas Aéreas sólo tienen repuestos y municiones para actuar durante siete días de guerra.

El hecho de que las Fuerzas Aéreas puedan llegar a encontrarse en una comprometida situación durante un hipotético conflicto se debe, según han insistido a lo largo de los últimos años los distintos responsables de ese ejército, a que los esfuerzos económicos dedicados por Defensa al Aire han sido históricamente muy inferiores a los asignados a Tierra y a la Armada.

En la última década, aproximadamente el 45% de los presupuestos de Defensa han sido invertidos en el Ejército de Tierra, el 30% ha sido para la Armada y el 20% para el Aire. En Suecia, Reino Unido o Italia, los porcentajes más elevados de los presupuestos son para el Aire, con unos porcentajes medios, respectivamente, del 53%, 48% y 36%.

Sin defensas antiaéreas

Debido a esta situación, España, por ejemplo, es el único país europeo que no tiene sus bases aéreas protegidas con misiles antiaéreos de baja cota, extremo que sí se produce en Marruecos. Las únicas defensas antiaéreas basadas en el suelo son cañones convencionales pertenecientes al Ejército de Tierra. España tampoco tiene un Centro de Operaciones de Combate (COC) protegido bajo tierra, como lo tiene Marruecos. Nuestro país no dispone de radar móviles de alerta y ni siquiera tiene automatizada la red de alerta y control.

Si el panorama actual es calificado de "preocupante" por los jefes militares consultados, las previsiones para los próximos años tampoco parecen muy favorables, a juzgar por los estudios realizados por expertos militares con respecto al potencia¡ que tendrán las Fuerzas Aéreas españolas y del norte de África en la siguiente década. En 1990, según esos estudios de¡ Estado Mayor del Ejército del Aire, España contará con seis escuadrones de combate (de Mirage F-1 y otros tres de los nuevos F-18A adquiridos en el programa

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FACA; Libia dispondrá de 23 escuadrones (entre los que figurarán 56 aviones del avanzado avión soviético Mig-25); Argelia tendrá 11 escuadrones (entre ellos 28 Mig25), y Marruecos, 5.No obstante, el Plan Estratégico Conjunto (PEC), de próxima aprobación por el Gobierno, establece que las Fuerzas Armadas deben contar con suficiente potencial como para disuadir a posibles enemigos de intentar una posible aventura militar sobre el territorio nacional. "El mando aéreo de combate es el más eficaz instrumento de disuasión de las Fuerzas Armadas", afirmó recientemente en una conferencia el teniente coronel Estellés, del Estado Mayor del Aire.

Por ello, Defensa intenta favorecer los programas de modernización del Ejército del Aire, aunque, según los propios mandos del Aire, existe una fuerte oposición por parte del Ejército de Tierra -el más numeroso y el que más peso político ha tenido y tiene en España- y también por parte de la Armada, inmersa igualmente en un amplio programa de modernización.

Dentro de los actuales esfuerzos por reforzar el Ejército del Aire, el plan POBAS (Potenciación de Bases) incluye como objetivo prioritario la construcción de refugios antibombas para los aviones más modernos de las Fuerzas Aéreas. Los 22 primeros refugios, por un valor global aproximado de 1.100 millones de pesetas, ya se han construido en la base de Los Llanos (Albacete).

Refugios para los F-1 y F-18

En esta base se encuentran ahora 43 Mirage F-1, que constituyen la principal potencia del Ejército del Aire. Los refugios, fabricados por las empresas Dragados y Cubiertas, incluirán todos los sistemas adecuados para que en su interior se puedan realizar los trabajos de suministro de combustible y carga de armamento. Ahora no tienen todavía puertas, que, como la estructura del refugio, serán blindadas con hormigón y gruesas piezas de acero.

En los próximos meses, también está previsto construir refugios de ese tipo en la base aérea de Zaragoza, donde, a partir del próximo año, comenzarán a llegar los primeros F-18A de los 72 adquiridos por España.

Ahora, sin embargo, tres de los objetivos considerados prioritarios por los mandos del Ejército del Aire y por los que están pugnando ante el ministro de Defensa son la adquisición de radar móviles y de aviones AWACS (Airborne Warning and Control System, o sistema aerotransportado de alerta y control).

Cuatro aviones AWACS Grumman E-2C como los que desea el Ejército del Aire cuestan cerca de 60.000 millones de pesetas. Con este tipo de aviones cuentan EE UU, país productor del sistema, Japón, Arabia Saudí, Singapur, Egipto y Francia. El Reino Unido, EE UU y las fuerzas de la OTAN disponen también de sistemas mucho más complejos y caros para esas misiones.

El Ejército del Aire también pretende ser autónomo en la defensa antiaérea de sus bases, aunque aquí cuenta con la oposición del Ejército de Tierra, del que ahora depende esa defensa.

Finalmente, las Fuerzas Aéreas intentan conseguir cuanto antes el sistema automático de alerta y control, previsto en la fase tercera del programa Combat Grande, cuya financiación aún no está definida.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 5 de mayo de 1985

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