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La militancia implacable de los shiíes

La minoría mas influyente del islam cuenta con 90 millones de creyentes repartidos en varios países

El shiísmo se ha puesto de moda trágicamente. Medios policiales de Occidente asignan a shííes la comisión de sangrientos atentados en numerosas partes del mundo, como el que segó la vida de 18 personas en Madrid en el restaurante El Descanso, cerca de Barajas, el pasado 12 de abril. ¿Qué es el shiísmo, qué tipo de creencia sustenta, qué códigos morales recomienda, quiénes tienen el poder en su seno? Casi todas estas preguntas tienen respuesta. Sin embargo, el enigma del islam shií sigue abierto.

Una madeja de misterios confiere al shiísmo una pátina que conmueve y suscita cierta suerte de miedo a los que se acercan por primera vez a indagar en sus arcanos. El martirio, el sacrificio, la ocultación, la sangre derramada, el imam escondido que regresará a reinar en la tierra al final, de los tiempos, todo en el shiísmo está atenazado por la sombra proyectada sobre él por una historia dolorida, como la de Irán, que no se ilumina hasta que no se distinguen bien sus pronunciados rasgos.El shiísmo es una religión política, la minoría más influyente de las corrientes islámicas. Se asienta fundamentalmente en Irán, donde el 90% de la población es shií. Cuenta con comunidades importantes en Irak, Líbano, en los pequeños petroestados del Golfo y también en Siria, India y Yemen. Abrazan su fe unos unos 90 millones de creyentes. Comparte algunos de sus fundamentos con el sunnismo, la corriente mayoritaria del islam. A la absoluta unicidad de Dios, a la consideración de Mahoma como último profeta y a la creencia en la resurrección de los muertos, el shiísmo incorpora la fe en la justicia divina y, como arco de bóveda de sus principios, establece el imamato, es decir, la dirección de la sociedad por los ¡mames, miembros del linaje de Mahoma.

Según los shiíes, tras la muerte de Mahoma, la grey islámica re¡vindicó como imam al virtuoso yerno de Mahoma, Alí, del linaje del profeta Abraham. Se desgajó de los partidarios de Abu Bakr y, tras ser proclamado en el paraje de Ghadir Khum, comenzó una pugna a muerte entre ambas corrientes. Los shiíes consideraban entonces que el legado islámico estaba en peligro y aseguraban que la corrupción derivada del gobierno de los califas amenazaba su fe. La sangre de los seguidores de Alí fue vertida a borbotones, que derramaron también, profusamente, la sangre de los sunnitas.

Los descendientes de Alí son los imames. Según las creencias de la Shía, doce ¡mames sucedieron al profeta Mahoma. Alí fue el primero. Sus hijos Hassan y Hussein, segundo y tercer ¡mames, fueron asesinados por su fe.

El último de los sucesores de Alí, Mohamed el Mahdi, el Señor de los Tiempos, hijo del undécimo imam, Hassan el Askari, nació en la ciudad iraquí de Samarra en el año 868 de nuestra era. Su madre era descendiente de Jesús de Nazaret. Su padre fue asesinado cuando él contaba cuatro años de edad. Entonces se ocultó. Su primera ocultación (ghaybat i sughra) duró hasta que cumplió 78 años. En todo aquel tiempo sólo fue visto por sus cuatro lugartenientes, naib. Al concluir aquel plazo, se introdujo en una cripta de Samarra y desapareció.

Los shiíes creen que el Mahdi vive hoy entre el pueblo, pero se oculta y lleva una vida totalmente clandestina (ghaybat i kubra). También creen en la reaparición de su duodécimo imam, Mohamed al Mahdi, cuando culminen los tiempos y el reino de Dios en la tierra esté próximo. Sin embargo, creen también que hasta que el imam oculto reaparezca habrán de pasar catástrofes, guerras y manifestaciones del reino del mal. La principal encarnación del mal es hoy, para muchos shiíes con Jomeini a la cabeza, el imperialismo.

Antiimperialismo

"Rezad, rezad, que mientras vosotros rezáis vendrá el imperialismo y os arrebatará vuestra riqueza", ha escrito Jomeini en su libro Por un gobierno islámico. Estados Unidos se convirtió en el principal blanco de su revolución islámica por su apoyo al sha Reza Pahlevi, derrocado por Jomeini en febrero de 1979 y a quien ya en 1963 el anciano ayatollah, desde la ciudad santa iraní de Qom, le anunció que sería destronado por su "iniquidad y por desislamizar Irán", patria de los shiíes. El sha se empeñó en una occidentalización forzosa que lesionó la identidad cultural y religiosa iraní. Sin predicarlo de sí mismo nunca, Jomeini se convirtió para las masas iraníes en una suerte de Juan el Bautista, cuya misión, ante esas masas shiíes de Irán y de Asia, consiste en anunciar con sus actos la llegada del Mahdi, del imam oculto, señor de los tiempos.

Comoquiera que la tradición del shiísmo duodecimano se ha amalgamado sobre una ingente cantidad de sacrificios, sufrimientos y persecuciones en las personas de sus líderes y numerosos de sus seguidores han encontrado la muerte en combate y en el martirio, el shiísmo ha segregado un tipo de adscripción religiosa enormemente militante cuyo objetivo último es la santidad por la vía del martirio. El martirio es para los shiíes la forma superior de comunicación personal con Dios, la entrega máxima. Es un honor y una distinción divina que asegura el paraíso y vivifica en la tierra la estirpe del elegido.

El militantismo de los shiíes resulta en ocasiones temible. Su tendencia al martirio preocupa a todas las policías del mundo. Los suicidios registrados recientemente entre miembros de las comunidades shiíes en Líbano o en Irán, en acciones contra objetivos militares norteamericanos, franceses o iraquíes, son considerados por los seguidores de Alí como formas sagradas de autoinmolación que, si tienen por objeto buscar el esplendor del islam, aseguran la santidad a quien la ejecuta.

Empero, el respeto por la vida humana propia y ajena es una norma de la moral shií. Prueba de ello es que, según algunos dignatarios islámicos, entre los shiíes se permite el empleo de una actitud, la taq¡ya, la simulación o apostasía aparente, siempre que no exista otra alternativa y que tenga por objetivo guarecer de peligros la religión y la vida del creyente. Así, un shií puede no declarar abiertamente su religión si sabe que será perseguido por ello y que no tiene escapatoria.

La interpretación lineal de aquellas singularidades misteriosas de los shiíes ha llevado a algunos observadores a asignar indiscriminadamente a la religión shiíta un cariz suicida o cobarde, cuando no terrorista, y siempre inhumano. Ello acostumbra ser el fruto de manipulaciones, a menudo intencionadas y con miras políticas, que confunden conductas individuales con comportamientos colectivos. El comportamiento suicida no es descartable en algunos shiíes, como tampoco de cualquier miembro de cualquier creencia religiosa; pero tal conducta no es una norma de la religión islámica shií.

Con frecuencia se atribuye al ayatollah OI Ozma Alí Hossein Montazeri la dirección mundial de las actividades terroristas iraníes en el extranjero. A Montazeri, la oposición armada le mató un hijo y la guerra le ha dejado casi ciego a otro. Resulta singular el hecho de que el objeto de tales acusaciones terroristas sea este ayatollah OI Ozma (gran ayatollah), aquejado por la enfermedad de Parkinson, que fue designado por Jomeini como su sucesor, si lo acepta la Asamblea de Expertos (Jobregan), a la muerte de aquél. Precisamente

La militancia implacable de los shiíes

Montazeri es el dignatario islámico que preconiza, desde el inicio de la revolución islámica, medidas políticas y sociales verbalmente más avanzadas, formalmente democráticas y progresivas, como la reforma agraria o la nacionalización del comercio exterior.Repetidamente, Montazeri ha pedido la amnistía de los presos políticos y la reconciliación nacional, en ocasiones enfrentado de lleno con el propio Jomeini. Se opuso abiertamente a la presencia de las tropas soviéticas en Afganistán en 1979, pero pasa por ser el dirigente islámico menos antisoviético de todo Irán, a pesar de las numerosas campañas contra la URSS desatadas por los sectores anticomunistas, cada vez más influyentes, del régimen de Teherán.

Otro de los acusados de dirigir las actividades extremistas iraníes, en el extranjero es el hojatoleslam, Sayyed Musavi Joeiniha, adscrito anteriormente a los sectores más progresistas del régimen y líder de los Estudiantes en la Línea del Imam Jomeini, que capturaron los rehenes de la sede de la embajada norteamericana en Teherán desde noviembre de 1979 hasta enero de 1981. La mayor parte de los estudiantes ha muerto en el frente y el grupo como tal ha sido desmantelado. Joeiniha, que fue vicepresidente del Parlamento islámico, representa hoy a Jomeini en la organización de las peregrinaciones a La Meca y carece de poderes políticos. Consultado por este periodista en Teherán sobre tales acusaciones, Joeiniha las atribuye a una venganza de los norteamericanos, que no le perdonarán nunca, dice, su participación en la captura de la embajada en Teherán y en la toma de los rehenes.

Extrañas conexiones

Otra de las cuestiones que trae más de cabeza a las policías occidentales es la eventual conexión entre el régimen islámico iraní y la extraña organización Yihad Islámica, que ha reivindicado en, Líbano atentados suicidas con vehículos explosivos y centenares de muertos. Hasta el momento no ha podido probarse fundamentadamente nada, salvo la monstruosidad de los atentados.

Hoy, en Líbano, escenario de las actuaciones de la Yihad Islámica, salvo los 500 combatientes iraníes enviados a la Bekaa por Teherán, no existe otra presencia iraní conocida. Sí hay personas como Musavi Husseini, nombre falso del pariente de un diplomático iraní destinado en Damasco cuyas actividades se ven envueltas por el misterio. A Husseini se achacan también graves responsabilidades en la dirección de una extraña organización como Ajvanol Muslamin, a cuenta de la cual se cargan todos los atentados de la zona.

Atentados iraníes en el extranjero sí han existido. Lo prueban los numerosos asaltos y ataques cometidos en Europa habitualmente por estudiantes que combaten a los antijomeinistas y otros miembros de la oposición, con algunas muertes en palizas y refriegas. España ha sido escenario de algunos, sin víctimas mortales. Pese a que algunos diplomáticos que abandonaron al régimen lo atestiguan, los atentados con balances de numerosas víctimas atribuidos a iraníes jomeinistas en el extranjero no han podido ser probados completamente. Jomeini reprueba el terrorismo, según repite desde Teherán cada vez que el nombre de Irán se ve involucrado en algún caso de ese tipo. Son conjuras contra el islam, repite.

Un clero ideológico

La creencia en que la comunicación con Dios es directa entre el individuo y el Todopoderoso es crucial para los shiíes. No hay mediadores. Los religiosos islámicos no son intermediarios entre el hombre y Dios, sino más bien individuos que han optado por el estudio de la ley Divina, a través de la palabra de Dios revelada, el Corán, y de la tradición islámica. Los más ilustrados son intelectuales en un sentido parecido al que se aplica a esta palabra en occidente. Además, tienen su clientela propia, que los elige o los abandona, según sea el ejemplo que den a sus seguidores.Todo en el islam shií está regulado, normado. Los religiosos son los que vigilan la aplicación de la ley Divina a la vida cotidiana de los musulmanes y dirigen las oraciones y prédicas. Los religiosos shiíes sabios tienen la facultad de interpretar la Revelación y de ajustarla a cada supuesto. Por eso se trata de una capa religiosa enormemente influyente. Son los organizadores de la vida cotidiana, luego su papel como dirigentes de la sociedad, como políticos, es muy destacado.

Hay religiosos pobres, de ingresos medios y ricos. Sin embargo, pese a que sus doctrinas tienen distinto alcance social, suelen reaccionar con espíritu corporativo ante embates sociales o políticos. Algunos son recaudadores; otros se hacen cargo de la manutención de viudas y huérfanos; unos invierten en obras sociales el impuesto que recogen, otros lo destinan en provecho propio.

Los descendientes del Profeta, que pertenecen a su linaje, Ahlul Bait, son conocidos bajo la denominacion de Sayyed y cubren sus cabezas con turbantes negros. Ruhollah (el Espíritu de Dios) Jomeini es de la estirpe de Mahoma. Los que no pertenecen a esta estirpe son conocidos en Irán como emamé safid, textualmente, turbante blanco, por la prenda con la que cubren su cabeza. Alí Montazeri, futuro sucesor de Jomeini, lleva turbante blanco.

Los mullahs son los religiosos sin rango. Si siguen estudios cerca de un sabio jurisconsulto, pueden -acceder al grado de hoyatoleslam. Esta dignidad la tiene la mayor parte de los dirigentes de la revolución iraní. Cuando el grado de conocimientos, de sabiduría y de ascesis de un hoyatoleslam alcanza un grado determinado, los religiosos se proponen como ayatollahs y si exhiben una moral adecuada a tal dignidad, la alcanzan y son reconocidos como tales por sus seguidores. Es muy frecuente que los ayatollahs sean maestros y posean profundos conocimientos no sólo de legislación islámica, teología o moral, sino también de economía, ciencias sociales o matemáticas.

En la guerra han cumplido la función de comisarios ideológicos y agitadores. En la retaguardia, han adoctrinado al pueblo en clave islámica. Han dirigido la represión contra la oposición y han sufrido numerosos atentados. Hoy, su poder está siendo crecientemente contestado. Pese a ello, los religiosos shiíes son todavía la columna vertebral del régimen islámico.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 5 de mayo de 1985

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