Acabo de leer el artículo de Enrique Gimbernat Ordeig Los tres errores del Tribunal Constitucional, y he quedado anonadada. Dudo de que esta carta se publique, pero no puedo quedarme callada.Es de suponer que el señor articulista sabe lo que dice siendo quien es.
¡Y bien! ¿Qué justicia, qué igualdad y, consecuentemente, qué clase de democracia puede haber en un país en el cual las leyes estipulan que posee más valor la existencia de un ser que aún no llegó a la vida que la vida de una mujer? La vida de una mujer, con todo lo que esa vida significa. Claro que para los señores jueces debió pesar más la inocencia del feto.
¿Sería la ley de otro modo si fueran los hombres quienes se quedaran encinta y corrieran el riesgo de que les mataran para salvar un feto inocente? ¡Con todo convencimiento, que sería distintal
Y me sigo preguntando ¿cómo puede existir tal grado de desfachatez en un país que se pregona democrático?
Señores gobernantes (léase PSOE): debiera caérseles la cara de vergüenza ante su ineptitud con respecto a la regulación de un problema ta n dramático como es el aborto. ¿Saben cuántas españolas abortan anualmente? ¿Por cuánto tiempo seguirá imponiéndosenos
Pasa a la página 14
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 5 de mayo de 1985