un mago vecino de Sant Feliú de Llobregat, en los alrededores de Barcelona, condujo el pasado domingo un coche por las calles céntricas de esa localidad con los ojos totalmente vendados y por espacio de 20 minutos. Moya llevaba los ojos vendados con un cartón, una capa de plastilina, algodones y una capucha de color negro. Durante el recorrido, decenas de vecinos le animaron incesantemente y su vehículo fue escoltado por un motorista y dos coches de la guardia urbana local.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 28 de mayo de 1985