de 70 años, lloró de rabia cuando los bomberos sacaron 10.000 kilos de basura que guardaba en su domicilio de Granada. La anciana, que vive de una exigua pensión, se dedica a recoger desperdicios durante la noche y amontonarlos en su casa. Su secreto fue descubierto por los vecinos, que avisaron a los municipales cuando la basura empezó a arder. Mientras los bomberos hacían su trabajo, protestó porque creía que la despojaban de objetos de valor. Al quedarse sola, salió por residuos para empezar de nuevo.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 16 de octubre de 1986