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Tribuna:LA SITUACIÓN JUDICIAL

'Setse Jutges'

La situación judicial española, que conoce a diario incidentes que convierten a los jueces en protagonistas polémicos, le sirve al autor, magistrado adscrito al Consejo General del Poder Judicial, para elaborar en clave de humor un apólogo sobre esos sucesos. Algunos de ellos han sido noticia de los periódicos y otros parecen producto de una fantasía que a veces la propia realidad deja pequeña.

Sucedió una vez:1. Aparte de problemas orgánicos a un fiscal, el debate televisivo dedicado a los errores judiciales originó quebraderos de cabeza a un togado.

2. El cronista de sociedad de un periódico tuvo la culpa del expediente a un juez.

3. De no fallecer la madre de un presidente de sala, éste no habría sido forzado a solicitar un permiso de tres días.

4. La intrínseca repulsa de un magistrado a la pena de muerte provocó el apercibimiento.

5. La disparidad entre un inspector de los tribunales y el titular de un juzgado con respecto a sus recíprocas facultades en ocupar el sillón de la mesa del despacho del segundo fue determinante de la multa disciplinaria al último citado.

6. El expediente, el permiso de tres días, el apercibimiento, la multa e, incluso, el traslado forzoso, se deslizaron rápida y sucesivamente por la mente de un juez de primera instancia, quien, por atender a los estímulos amorosos, prefirió el paseo con la novia en los jardines de la capital a la pompa y el boato de la presidencia de la procesión del Corpus Christi en el pueblo, y fue descubierto en el pecado por un charlatán leguleyo de baja estofa, el cual, en venganza de pleitos perdidos, donde no llegó, mandó recado.

Claro que todo esto ocurrió por el tenor de la legislación vigente en las épocas de cada uno de los palajes referidos además:

1. Es obvio que el togado se sumé al fiscal en las tesis mantenidas durante aquel célebre programa del segundo canal de TVE, rompedor de las pretéritas alabanz as a la infalibilidad de los jueces.

2. Evidentemente, el periodista ignoraba que los testigos de las bodas, cuando pertenecen a la carrera judicial y las nupcias se celebran fuera de la cabecera del partido, no deben aparecer nominados en los diarios aunque hayan facilitado la firma y la rúbrica al impreso correspondiente, salvo sí obtuvieron licencia para ausentarse del territorio jurisdiccional.

3. Nadie duda que la madre del presidente de sala murió de vieja, pero es preciso comunicar que el óbito acaeció en una localidad a 30 kilómetros de distancia de la sede de la Audiencia Territorial, de manera que, como la asistencia al entierro y al funeral de la prógenitora suponía el desplazamiento geográfico del hijo, era menester la aplicación de la norma prevista en los casos de testimonio de los casamientos foráneos.

4. Ciertamente, el magistrado denigró los méritos oficiales del garrote vil en una concurrida conferencia.

5. Si la propiedad del sillón, según se demostró sobradamente, correspondía al Estado, la contienda entre el inspector y el titular del juzgado fue fallada conforme a Derecho, pues, por respeto al grado jerárquico, el menos calificado del escalafón estaba obligado a sentarse en una silla.

6. Por fortuna, con la bronca del presidente de la Audiencia quedó zanjada la desatención protocolaria del juez de primera instancia.

Pasó una vez y nadie movió un dedo por los afectados.

Ahora, episodios similares a los narrados carecen de trascendencia represiva; hoy, la tacha correctora está reservada a aconteceres de otra índole.

Veamos un factible ejemplo de la actividad disciplinaria del actual Consejo General del Poder Judicial y sus posibles repercusiones, pero antes conviene ilustrar sobre la catadura química del imaginario personaje sancionado.

El examen

Ajeno al mundo, al demonio y a la carne, e inmerso con exclusividad en el afán de memorizar los temas de un casi infinito programa de materias jurídicas, el hombre había estudiado ininterrumpidamente, con una media de 10 horas diarias, durante cuatro años; a mayor abundamiento, asimiló conceptos en lengua latina con desconocimiento de su significado en castellano y sin propósito de averiguar la traducción: .

-Coniunctio maris et foeminae, consortium omnis vitae, divini atque humani iuris comunicatio... -repitió 10, 100, 1.000 veces, temeroso de suspender el examen si no aprendía al pie de la letra la definición matrimonial del Digesto, peligro, por demás, desgraciadamente nada ilusorio.

Encerrado en una habitación, sentado junto a una mesa repleta de libros y apuntes, el ambiente cargado de humo, el cenicero lleno de colillas, la ciclotimia en el alma, la introversión en punto. superlativo, el genio endiablado, la tez pálida y las coderas desgastadas, ganó al fin plaza en la judicatura a costa de la pérdida de vivencias irrecuperables y, en opinión de un psicoanalista, con la transitoria presencia de inequívocos ingredientes patológicos en la amalgama cerebral al igual queja mayoría de los opositores que en España han sido.

El nocivo lastre permaneció por siempre jamás.

Luego, una villa y otra villa, perenne aislamiento, exigua sol dada, actitud distante con el vecindario, dudas de fondo y de forma, providencias, autos y sentencias, amistad ocasional con notarios y secretarios municipales, y largos paseos vespertinos.

Mas tarde, ya con rango de magistrado, confeccionaba frías resoluciones, cual resultado de las programaciones de una computadora, verbigracia: dese al justiciable lo que manda el artículo 388, embárguese el platillo al mendigo, acuérdese la prisión del presunto delincuente y procésese por desacato al autor del Seise Jutges, decisiones ayunas de emoción, que no mejoraría el inicuo juez señalado en el Nuevo Testamento, aquel que no temía a Dios ni amaba a los hombres.

En definitiva, el individuo de que se trata sería un inepto funcionario como jefe del negociado de rentas públicas de una provinciana delegación de Hacienda; sin embargo, estaba mejor dotado para desempeñar las labores burocráticas en la citada oficina que las jurisdiccionales en cualquier parte.

Sigamos con la hipotética historia. Ocurrió que el garnacha se pasó de listo en la inculpación del responsable del trabalenguas catalán, ya que el camarero de Can Perellada se había limitado a la repetición oral del dicho popular y, naturalmente, fue absuelto por la Audiencia.

El tema llegó a la Comisión Disciplinaria del Consejo General, donde se apreció negligencia en el juez y se dispuso la incoación de un expediente.

Amén de lógicos reproches, el instructor del procedimiento decía en el pliego de cargos que las normas se interpretaran según el sentido propio de sus palabras en relación con el contexto, los antecedentes históricos y legislativos, y la realidad social del tiempo en que han de ser aplicadas, lo que no constituía ninguna novedad, pues así viene establecido en el artículo 3 del Código Civil.

Al cabo, se impondrá al infractor la sanción de advertencia. Y entonces se organizará un buen lío. Un coro de voces clamará contra la acción del órgano de gobierno por el sentido represivo, perturbador de la independencia, con que se manifestaba en este caso, y solicitará la dimisión de todos los consejeros.

Los vocales del instituto se desconcertarán al no entender cómo, en tiempos idos, nadie defendió a jueces partidarios de la existencia de errores judiciales, testigos de bodas fuera del partido, huérfanos de madre, contrarios a la pena capital en disparidad con los inspectores sobre derecho a sillón o incumplidores de deberes religiosos, todos ellos más o menos represaliados como antes se expuso, y ahora, en cambio, se abogaba por un esperpéntico magistrado.

Muchos ciudadanos quedarán estupefactos por la reacciónde los discrepantes.

Entretanto, allá arriba, san Raimundo de Peñafort, que, al lado de don José Ortega y Gasset, se reía de respuestas de otrora a problemas metafísicos, cortará las carcajadas para leer la nota de un flash de la agencia de noticias Lucas & Mateo y, enseguida, muy serio dirá:

-Pepe, ¿me permites que te plagie?

-Puedes hacerlo -responderá el filósofo.

-¡No es esto! ¡No es esto!

Román García Varela es magistrado.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 5 de mayo de 1987