Los inversores han comenzado a ponerle buena cara al mal tiempo, no tanto por los resultados que se obtienen en cada sesión sino por lo que puede venírseles encima. De momento se habla de resistencia a la baja en lugar de referirse a la inactividad de los compradores, aunque en esta última sesión las cosas rodaron bastante mejor de lo que se esperaba. La táctica está ya comprobada y consiste en no sacar papel a la venta en tanto no terminen los corros, con lo que las cotizaciones apenas se mueven, ya que la presencia pública queda a cargo, exclusivamente, del dinero.Manejando estas variables es fácil suponer cuáles pueden ser los resultados, incluso cuando no existen perspectivas a corto y medio plazo. Uno de los argumentos esgrimidos en favor de esta resistencia a la baja es la actitud de los valores bancarios, cuyas repeticiones frente a saldos vendedores constantes se toman como una especie de garantía de lo que puede ser el mercado en el caso de que esta situación se prolongue.
Los temores a las cancelaciones o renovaciones del crédito al mercado no tuvieron, finalmente, ninguna repercusión sobre el desarrollo de la sesión. Esto permitió unos primeros corros bastante tranquilos, con pequeños altibajos que apenas desentonaron de la trayectoria semanal. La mayoría de los sectores registraron situaciones similares, lo que hizo que el índice se mantuviera durante toda la mañana oscilando entre una baja de medio punto y poco más de 20 centésimas.
Los valores bancarios se sumaron a esta actitud, a pesar de los más de 300.000 títulos a la venta que sumaban siete de los ocho grandes, lo que sirvió para cerrar la sesión con una pérdida a mínima que mantiene el tono monocorde de la semana y sirve de alivio ante un cierre carente de interés.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 30 de abril de 1988