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FERIA DE SAN ISIDRO

El manilazo

P. S. Lorenzo / Manili, Durán, MachadoCinco toros de Puerto de San Lorenzo, desiguales de presencia, flojos, en general nobles; 4º, sobrero de Jiménez Pasquau -que sustituía a otro sobrero de Puerto de San Lorenzo, inválido-, con trapío, manso y difícil. Manili: pinchazo y estocada caída (oreja); media desprendida y dos descabellos (vuelta); estocada (oreja y clamorosa petición de otra). Salió a hombros por la puerta grande. Curro Durán: pinchazo y estocada corta trasera caída (silencio); pinchazo hondo caído -aviso con minuto y medio de retraso- y descabello (algunas palmas). Paco Machado, que confirmó la alternativa: pinchazo, estocada contraria y descabello (silencio); cogido al recibir al 6º, sufre contusiones de pronóstico reservado.

Plaza de Las Ventas, 5 de junio. 24ª corrida de feria.

Por segunda vez en la feria salió Manili a hombros por la puerta grande, y una multitud enfervorizada coreaba su nombre, ¡Manilí, Manili, Manilí, y le aclamaba ¡torero, torero, torero!, y eran términos sinónimos, qué más daba, ayer, decir Manili que decir torero, Manili era grito de guerra, proclama, declaración de principios, pues lo de Manili ayer, más lo del día de los miuras, dos heroicidades, ha sido golpe de estado, manilazo a la confabulación de exclusivismos, privilegios, injusticias, corrupciones que hacen presa en el negocio taurino y tienen acogotado a un montón de toreros buenos.

¡Que viene Maniliii!, les estuvo gritando la afición a los figurones y a los figurines durante toda la feria, desde la tarde aquella de los miuras, y llegó Manili al fin, con aureola de santidad veneranda, le hicieron salir a saludar después del paseíllo, a la vieja usanza; que en sus mejores tiempos Madrid recibía con ovaciones a los toreros que habían dejado el recuerdo de su torería, con broncas a los que habían dejado el recuerdo de su fracaso. Y luego, cada cual tenía que justificarse.

A la vieja usanza se justificó Manili, siempre atento a la lidia, siempre dispuesto al quite, jugándose la piel, toreando de verdad. Cuanto peor fue el toro más torero estuvo Manili. Valiente, sí, pero no haciendo alarde de valor y ahí queda eso, sino poniéndolo a contribución de su inquebrantable propósito, que era dominar y torear, convencer y triunfar.

La faena al sobrero y sobre todo la faena al sexto de la tarde llegaron a ser angustiosas, porque los toros ni embestían ni humillaban, se quedaban en el centro de la suerte y tiraban el derrote. Parones y derrotes aguantó Manili, impávido, muchas veces con una sonrisa, a los reservones toros, y los desafiaba, los pisaba el terreno, continuamente tiraba de ellos, hasta someterlos, hasta conseguir que tomaran la muleta, y finalmente aquellas fieras aplomadas que habían sido imposibles para torear se iban tras los vuelos del natural y del redondo, que templaba y ligaba Manili con el pulso firme y la técnica dominadora que son propios de un maestro en tauromaquia.

Tuvo también un toro noble y a ese lo toreó peor con la muleta, porque después de plantear la faena en los terrenos precisos, dar la distancia necesaria, desgranar el adecuado repertorio de pases, se aliviaba con el pico, y no correjía el grave defecto por nada, aunque la afición no cesó de indicárselo, más con tonos de queja que de denuncia. Ese pico innecesario puso un ratito en cuarentena el manflazo, que ya había empezado a dejar oír mínutos antes su trompetería cuando el libertador cargó la suerte en las verónicas, ciñó chicuelinas con las manos bajas, dibujó media verónica de una arrobadora sevillanía.

Toros nobles

Hubo más toros nobles, los dos de Curro Durán, que no acertó a torearlos. Rectificaba en el embroque, perdía terreno en el remate de multitud de pases inconexos, embarullados, marginales a cualquier sentido torero. Siete minutos tardó en advertir la boyantía infinita del quinto, el cual tomaba el engaño fijo y sometido, sin acusar nunca las desastradas maneras que Durán empleaba para embarcarlo. Se cansaba la gente de tanto pase sin tino -había revuelo en la solanera, una señora bailaba la jota en una grada, se entablaban conversacíones de tendido a tendido-, pero el toro no se cansaba jamás de embestir. Curro Durán cortó tres veces la faena y miraba fijamente a los alborótadores como pidiendo una atención y un respeto. Ignoraba, quizá, Curro Durán, que si hubiera toreado, en vez de revuelo, baile, conversaciones, habría tenido olés y ovaciones.El primer toro se rompió el cuerno por la cepa al derrotar contra el estribo del picador y Paco Machado no sólo lo brindó al público, sino que pretendió hacerle faena, incluso por el muñón sanguinolento; a quién se le ocurre. El sexto le volteó de forma dramática cuando lo veroniqueaba en el mismísimo platillo, donde había acudido a recibirlo, y pasé a la enfermería.

La mala suerte de Machado produjo la fortuna de Manili, que entró en liza y, el corazón tan grande como la misma monumentalidad del coso, pudo dar el golpe de estado y alcanzar la gloria. ¡Manili, Manili, Manili!, ¡torero, torero, torero! le aclamaba el público, en un delirio, mientras le sacaba en volandas por la puerta de Madrid, y fuera había un gentío enfervorizado que quería erigirle un monumento, allí, en el acto.

¡Manilí, Maniliii! ¡torero, torerooo!, Regaban los clamores a la distante escalinata que da acceso a la explanada de la plaza, por la que subía presuroso Don Mariano, rodeado de su corte de admiradores, en dirección a la acera de la calle Londres, donde iba a torear lo visto, esta vez por lo grande. En la escalinata aguardaban unos de Cantillana, paisanos de Manili, llorosos y cetrinos; llegó sofocado otro, la sahariana desabrochada flotando al viento, subió las escaleras demasiado de prisa para su edad, y avisaba: ¡Lo sacan a hombros, a hombros!. Y uno del grupo: ¡Rápido, los cobetes! Corrieron a un coche, sacaron un paquete y mientras Manili emergía de la multitud, brazos en alto, un alborozado trepidar de cohetería, luminarias chisporroteando en la anochecida, anunciaban a la atónita barriada de Las Ventas y a todo el orbe taurino que el manilazo se había producido.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 6 de junio de 1988