Yehudi Menubin y Camerata Lysy de GstaadDirección: Alberto Lysy. Obras de Bach, Vivaldi, Mozart, Puccini, Bartók y Paganini. 8º Festival Internacional de Música de Torroella de Montgrí. Palau de la Música Catalana. Barcelona, 4 de junio.
Bajo la presidencia de la reina Sofía y con la asistencia del presidente de la Generalitat, Jordi Pujol; el ministro de Defensa, Narcís Serra; el alcalde de Barcelona, Pasqual Maragall, y otras autoridades, se celebró en el Palau de la Música de Barcelona la presentación del 8º Festival de Música de Torroella de Montgrí. La sala registró un lleno absoluto porque el acto poseía todo el carácter de un acontecimiento excepcional al estar protagonizado por el mítico Yehudi Mentihin y la Camerata Lysy de Gstaad, fiel colaboradora en los últimos años de este célebre violinista, nacido en Nueva York en 1916, que, ya en la década de los veinte, se erigió en figura indiscutible de la música de nuestro siglo.
No hay duda de que el éxito de este concierto -que se repitió ayer en la población gerundense de Torroella de Montgrí- ha constituido un augurio inmejorable para la octava edición de este certamen musical, que se desarrollará hasta el próximo 26 de agosto y que está integrado por otros 19 conciertos.
Desde que en 1935 Yehudi Menuhin se presentó en Barcelona, sus actuaciones siempre dejaron una huella imborrable. Versiones como las que se le han podido escuchar, en los años sesenta, del Concierto para violín y orquesta, de Beethoven, o de las Partitas, de Bach, y la Sonata para violín solo, de Bartók, difícilmente pueden ser olvidadas por lo que significaron de manifestación del puro arte musical y del emocionante vigor comunicativo.
Ahora, en esta nueva presencia del violinista, acompailado por la Camerata Lysy de Gstaad, el público barcelonés tuvo la ocasión de reencontrarse con este estilo interpretativo que, aun siendo quizá menos impactante en los aspectos técnico y virtuosístico, e incluso en lo expresivo, sí posee, en cambio, el aura de algo religioso que transforma la música en manifestación divina o sobrehumana. El concierto tuvo el carácter de un oficio litúrgico solemne, donde Menuhin, Lysy y su Camerata instrumental, ejerciendo de oficiantes, nos permitieron contemplar y venerar al dios de la música.
La audición de los conciertos para dos violines de Bach, interpretados por Menuhin y Lysy; el escrito para violín y orquesta, igualmente de Bach, con Menuhin como solista, y el de Vivaldi para cuatro violines, ejecutado por Lysy, Isabella Piccione, Jin Lin y Vinh Pham, así como el divertimento de Mozart y las páginas de Bartók, Puccini y Paganini, se revistieron de una suntuosa belleza sonora que impresionaba más por su carácter de solemnidad que por lo que ofrecía de comunicación.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 6 de junio de 1988