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El armador de los pesqueros que arrastran el petrolero 'fantasma' busca un remolcador

El remolque de los restos de un petrolero no identificado de bandera chipriota, con al menos siete cadáveres a bordo, sigue realizándose de forma lenta hacia las costas gallegas por los dos pesqueros, Cosmos y Keny, que los encontraron, mientras su armador, Francisco Gude, continúa gestionando la ayuda de un remolcador. La Dirección General de la Marina Mercante, que tuvo noticia del hecho a poco de producirse (madrugada del lunes 30, hora española), ha autorizado la operación, pero se ha negado a facilitar medios para realizarla.

Los dos palangreros con base en Ribeira (La Coruña) avistaron los restos al anochecer, cuando iban a largar los aparejos, en una zona situada entre Azores y Canadá. Era la popa y el puente, en total más de 90 metros, de un petrolero, que tenía el doble de eslora, según el cálculo de los tripulantes ribeirenses. En la cubierta, retorcida y quemada como si hubiese sufrido los efectos de una explosión seguida de incendio, vieron siete cadáveres mutilados y carbonizados."Era un espectáculo horrible", comentó por telefonía el patrón del Keny, Andrés Gude, a su hijo David. "Preferiría no haberlo encontrado". Los marineros gallegos desatendieron la recomendación de Marina Mercante de introducir los cuerpos en sus cámaras frigoríficas y los cubrieron con lonas y mantas antes de emprender el regreso. "No nos atrevimos a más", afirmaron.

El petrolero había salido el 12 de abril de Amsterdam con "carga especial". La última anotación en el diario de máquinas (el resto de la documentación ardió) está fechada el 23 de abril, cuando posiblemente el buque se encontraba ya en aguas canadienses. De confirmarse esto, los restos habrían estado más de un mes a la deriva, sin que, además, hubiese trascendido el naufragio.

La operación de remolque, que impidió faenar a los pesqueros, supondrá unos gastos de más de 20 de millones de pesetas, según Francisco Gude, conocido en Ribeira como O Chopo. El cálculo de los posibles beneficios es más difícil, puesto que no se sabe con exactitud el contenido de los restos, aunque los tanques de popa permanecen intactos y presumiblemente llenos de diversos derivados de petróleo. Se baraja la cifra de 200 millones como valor global de la carga y del achatarramiento de los restos. Según las normas marítimas internacionales los propietarios y la tripulación de los pesqueros tienen derecho al menos al 80% del valor de lo encontrado.

La arribada de los pesqueros y del barco fantasma podría demorarse unas dos semanas si no cuentan con la ayuda de un remolcador, y en todo caso si se mantiene el buen tiempo. El Remolcanosa 5, con base en Vigo y contratado por Marina Mercante, se ha negado a dirigirse a la zona alegando que no hay riesgo para las costas españolas. Las gestiones de los armadores se centran en un remolcador con base en las Azores.

No habrá quema de tóxicos

Por otra parte, el ministro de Transportes y Comunicaciones, Abel Caballero, aseguró ayer en Vigo que no habrá incineraciones de productos tóxicos en las cercanías de la costa gallega. Según Caballero, el Gobierno español decidió que estas incineraciones no deben hacerse cerca de la costa, ni en zonas donde faenen habitualmente pesqueros españoles, por lo que España quemará sus tóxicos en la zona común europea del Mar del Norte.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 6 de junio de 1988

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  • Los tanques de popa, intactos, están presumiblemente llenos de combustible