Mientras los políticos de cualquier signo siguen prometiendo una cobertura sanitaria plena y los planificadores de la asistencia estudian cifras y elaboran informes, la Iglesia católica española quiso llamar la atención de todos los ciudadanos, una vez más, el pasado día 8 de mayo, con la celebración del Día del Enfermo. Y el lema de este año, más que una simple sugerencia, resultó ser un fuerte aldabonazo para la conciencia de cualquier ciudadano consciente. "Enfermos más desasistidos y necesitados", decía el subtítulo.En el listado de grupos afectados no podían faltar, cómo no, los enfermos mentales. Puestos a ofrecer algún dato, quiero recordar que, en cifras de 1986, se atendieron sólo en la red asistencial pública de la Diputación de Barcelona unos 21.000 enfermos distintos, con sus nombres y apellidos. Lo que de alguna manera nos viene a sugerir que detrás hay otras tantas familias más o menos agobiadas por la presencia de un miembro con algún tipo de sufrimiento mental.
Y mientras tanto, los políticos de la Diputación y de Generalitat, que ya tiene asignadas las competencias en este campo, siguen jugando a una especie de escondite para evitar el tener que asumir decididamente, y con todas las consecuencias, la "patata caliente" de la psiquiatría. Me parece que no son momentos para estar jugando de esta manera con problemas de tan gran envergadura. Pues ya no se trata aquí de definir si manicomio sí o manicomio no. Mientras no exista una red suficiente de equipamientos extrahospitalarios, ahí tenemos a los actuales hospitales psiquiátricos más que saturados, envejecidos y constantemente vilipendiados por casi todos.
Hoy, en el terreno laboral,
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todo el mundo pretende "homologarse" con quien sea, siempre que esté por encima de él, claro está. Pero, al enfermo mental y al trabajador de la salud mental, ¿cuándo y con quién se les homologa? Las comparaciones en este terreno con países de nuestra misma cultura son escandalosas. Y aún en nuestros actuales planteamientos sanitarios las diferencias económicas y de criterios en contra del mundo de la salud y la enfermedad mental son escalofriantes. Para poner un ejemplo: un mismo ciudadano que padeciera una grave depresión o una apendicitis aguda, recibiría de la administración pública para su tratamiento entre cinco y 10 veces menos para atender la primera.-
En relación
con la carta aparecida en EL PAÍS el día 4 de mayo de 1988, suscrita por José F. Moratilla y otros firmantes, en la que se emiten peculiares juicios de valor sobre nuestra toma de posición respecto a la situación de la salud mental en Madrid, los psiquiatras del hospital general Gregorio Marañón creemos oportuno puntualizar lo siguiente:
1. El pasado mes de febrero nos dirigimos por escrito a los máximos responsables políticos de la Comunidad de Madrid denunciando el deterioro de la asistencia psiquiátrica y solicitando la adecuación del modelo asistencial a las necesidades reales de la población. Al no obtener respuesta, enviamos el referido escrito a los medios de comunicación. Nunca pretendimos la confrontación con profesionales de otras zonas, que bien pudieran tener una visión distinta a la nuestra por sus condiciones asistenciales, aunque pensamos que el debatir estas cuestiones en los ámbitos adecuados podría ser enriquecedor para todos.
2. Nos parece innegable el déficit y la mala distribución de los recursos psiquiátricos hospitalarios, y así lo han reconocido los propios responsables técnicos de la comunidad autónoma. Baste indicar que nuestro hospital cuenta con 145 camas para enfermos psíquicos agudos, la tercera parte del total para una población de cinco millones de habitantes, mientras que otros hospitales públicos (La Paz, 12 de Octubre, etcétera) no disponen de ninguna.
3. También son escasos y mal distribuidos los recursos extrahospitalarios. Importantes sectores de población carecen de centros de salud mental y en otros muchos existen listas de espera.
4. Los dispositivos para rehabilitación de enfermos crónicos son en Madrid casi inexistentes, lo que puede ser grave dada la drástica reducción de camas para estos pacientes.
5. Salvo alguna excepción, siguen sin integrarse los diversos recursos psiquiátricos dependientes de redes paralelas (CAM, Insalud, ayuntamientos), lo que implica despilfarro, duplicidad de servicios, fallos o ausencias de coordinación y desorientación de los usuarios.
6. Aún no existe un plan de salud mental para Madrid, pese a que se viene anunciando desde 1981.
Como consecuencia, viene siendo agobiante la presión de la demanda sobre los servicios psiquiátricos del hospital general Gregorio Marañón, que desde hace años están desbordados, ya que han de atender las necesidades de urgencia y hospitalización con muy escasa cobertura en la comunidad, de casi dos millones de habitantes, lo que explica precariedades notorias en la asistencia: pacientes que ingresan sin cama, altas precipitadas, aumento del número de reingresos, etcétera.- Doctor Crisóstomo Pizarro y 19 firmas más. Madrid.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 6 de junio de 1988