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ECOLOGÍA

Naturalistas de Brasil piden apoyo europeo para frenar la destrucción del Amazonas

El sociólogo Antonio Carlos Oliveira y la psicóloga Edyara Santana, representantes del movimiento brasileño Arco Iris y coordinadores de las escuelas ecológicas de Brasil, han venido a Europa con la idea de impulsar la creación de comités de solidaridad contra la destrucción de los ecosistemas y las etnias brasileños.

La comisión española, formada por el Club de Amigos de la Unesco, la Asociación Pro Derechos Humanos, el Movimiento por la Paz, el Desarme y la Libertad, Adena/WWF, la Coordinadora para la Defensa de las Aves (Coda) y otros colectivos ecologistas y pacifistas, enviará cartas a las instituciones brasileñas e internacionales para que tomen conciencia de la realidad de Brasil. Una de las actividades que desarrollarán todas las comisiones nacionales de solidaridad que se formen en Europa será la organización de un magno festival que va a celebrarse de forma simultánea en las principales capitales europeas a finales de octubre y que contará con artistas europeos y brasileños.La realidad brasileña expuesta por Carlos Oliveira es patética: "Cuando, hace 500 años, los portugueses colonizaron Brasil había en el país cinco millones de indígenas. Hoy apenas sobreviven 200.000. Para nosotros, la destrucción de los pueblos indígenas es un problema cultural muy grave". La población actual de Brasil es de 140 millones de habitantes, 30 de los cuales son niños declarados "carentes" por Unicef. El 10% de la población brasileña padece enfermedades mentales originadas por la desnutrición, y el 80% son analfabetos. Brasil tiene a su vez la mayor deuda externa del mundo (14 billones de pesetas en febrero del pasado año), la mayor tasa de mortalidad infantil y el ritmo más acelerado de destrucción de la naturaleza.

"En las selvas atlántica y arnazónica se talan diariamente 200.000 árboles. Es algo que no puedo ni imaginar. De seguir así las cosas, la selva amazónica, uno de los pulmones del planeta, no resistirá más de 20 años. En la zona del macizo de Matto Grosso la destrucción es también muy acelerada. Las fábricas de alcohol, sustituto de la gasolina como combustible de los automóviles en Brasil, generan residuos que están contaminando todos los ríos. Por eso vamos a pedir a la Unesco que declare la zona de Matto Grosso patrimonio de la humanidad".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 6 de junio de 1988