Cuando escucho las declaraciones que hace por radio nuestro alcalde de Madrid, señor Barranco, sobre lo que está dispuesto a hacer para salvar al Rayo Vallecano de no sé qué catástrofe inmerecida, me pregunto que si este esfuerzo le está dejando en tal estado de agotamiento (físico y mental) que no le permite asistir al entierro del que fue uno de nuestros mejores músicos: Pablo Sorozábal. Suerte que de estas negligencias imperdonables nos va a salivar pronto el convertirnos en. la capital cultural (o algo parecido) de Europa. No sé si reír o llorar... En el caso de Sorozábal, opto por llorar amargamente.- Ana María Fuhrmann von Bayerlein.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 7 de enero de 1989