Las voces de Marguerite Duras cuchichean, evocan, confunden los tiempos, las relaciones; devanan pequeños sucesos que trascienden a maravillosos. Las voces: los personajes, enteros, no suelen ser casi nunca más que estas voces que se alejan de ellos, que hablan de ellos como si fueran otros, y se enfrentan con los demás como si éstos no estuvieran presentes.La escritora no quiso nunca diferenciar los géneros: novela, cine o teatro son sólo fragmentos literarios intercambiables. Produjo, en su gran época, desconcierto; aunque estaba rodeada de otros escritores -Alain Robbe-Grilliet, Nathalie Sarraute...- que señalan la tendencia francesa de los años cincuenta; y precedida, en el teatro, de Eugene Ionesco y Samuel Beckett, de Adamou.
Ágata
De Marguerite Duras. Traducción de Macarena Pombo. Intérpretes: Chete Lera y Juana Cordero (Espacio Cero). Espacio escénico de Alfonso Barajas. Vestuario de Pedro Moreno. Música: Justo Lera y Mariano Marín. Dirección: Macarena Pombo. Teatro Alfil, 15 de noviembre.
Cuchichean y evocan medios recuerdos incompletos estos dos únicos personajes de Ágata: amantes y hermanos, en trance de separación que puede convertirse en persecución eterna del hombre y la mujer; deseo de amor y de distanciamiento al mismo tiempo, sufrimiento y goce.
Es un diálogo que, algo alargado por músicas que parecen inoportunas, dura algo más de una hora. Demasiado dificil para una debutante en la dirección como es Macarena Pombo; pero se advierte su capacidad, y sale adelante con las voces, que incorporan dos muy buenos actores de Espacio Cero: Chete Lara y Juana Cordero, impregnados los dos de la esencia misteriosa de lo que dicen. Más trabajo ha debido costarle a la directora la traducción del texto francés, lleno de fuerza original idiomática, de medidas en las alusiones o en las distintas maneras de contar un mismo hecho, cuidadosamente confuso en cuanto a tiempos de verbo.
En castellano ha quedado muy adherido a la sintaxis francesa y al vocabulario original; probablemente no había otra manera de hacerlo sin traicionar a Duras. El público del estreno aplaudió a todos con la fe que se pone cuando se asiste a un acto cultural en el que gente muy joven sale adelante.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 18 de noviembre de 1989