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Tribuna:

Una hora más

Las Canarias, afortunadas ellas, están a tal distancia de la ]Península que ha parecido conveniente darles Un huso horario particular, como si estuvieran en otra galaxia. Alguno pensará que estar lejos de esta locura peninsular es lo mejor que les puede pasar. Pues, aunque no lo crean, se les hace con elle, un flaco servicio. Cuando en la Península estamos de vuelta de recontar votos murcianos, ya hemos dejado atrás a los canarios. Cada vez les falta una hora para acceder a la historia. Y, un día, la historia ocurrirá tan deprisa, en menos de 60 minutos, que se habrán quedado fuera de ella, sin que les pase.¿Qué más dará una hora más o menos? Aparte de lo aburrido que resulta que nos lo recuerden continuamente en la radio, un poquito más de oscuridad por la mañana y un poquito menos de claridad al atardecer no hace mal a nadie. Se alargaría la sombra del sol en la Orotava, haciendo más bello el crepúsculo, y, por las mañanas, los canarios tendrían además la satisfacción de sentir que se sacrifican al levantarse con el alba. En la Península nos daría menos envidia pensar en la vida que se pegan en las islas. Y no quiero ni contar la satisfacción con que lo acogerían los mallorquines, a quienes nadie regala una hora por el mero hecho de ser- isleños. Ahora, sería de justicia oír: "Buenos días, son las ocho de la mañana, una hora menos en la Comunidad Canaria, una- más en la Balear". Pero de mayor justicia aún: "Buenos días, son las ocho en todos ladlos". Así nos dejamos de desfases.

Primero se podría asignar a Canarias la misma hora que en el resto de España. Luego se les podría ir adelantando poco a poco, para que sean los canarios los que se, nos anticipen en la historia. Al final acabarían como los neozelandeses, que van 11 horas por delante, no les importa lo que pasa en Europa y, cuando llegan los viajeros de allende los mares, les fumigan con DDT antes de dejarles bajar del avión.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 18 de noviembre de 1989