Aquí hay algo que no cuadra. Por una parte, existe un organismo, el COCOM, creado en 1974 a iniciativa de EE UU (véase EL PAÍS del 26 de diciembre pasado), para impedir la venta de tecnología occidental de doble uso (militar y civil) a los países del Este. Este organismo controla todas las transacciones comerciales (origen-destino o vendedor-comprador) de productos de tecnología punta: semiconductores, superorden, adores, láser de alta potencia, etcétera. Por otro lado, existe un negocio billonario (el narcotráfico) en cuyo proceso de fabricación es vital la participación de determinados productos químicos, que casualmente no producen los países tercermundistas, sino los países industrializados, que, a su vez, son los grandes consumidores. Yo me pregunto si no es posible un tratamiento como el que se aplica a la tecnología punta de doble uso (militar y civil) para los productos químicos susceptibles también de doble uso (industrial y drogas). Me gustaría que gente más entendida en estas cuestiones me respondiera a. esta pregunta y sobre la viabilidad de un control semejante. Yo, por mi parte, tengo la íntima sospecha de que no existe voluntad política para aplicar tal control, como no la existe para el control del dinero negro procedente del narcotráfico. Quizá detrás de esta aparente falta de voluntad se encuentran intereses no declarados (no digo ocultos para que no se me acuse de conspiranoico), de orden económico, político y de control social.-
* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 13 de enero de 1990