Las ilusiones de los casi tres millones de costarricenses y de todos aquellos que tienen tendencia a apoyar al débil acabaron anoche en l3an'. Costa Rica dijo adiós al Mundial ante Checoslovaquia y tras haber sido una de las sorpresas de la primera fase.Costa Rica salió al terreno de juego muy disminuida en su potencial. Dos de sus mejores hombres, Conejo y Gómez, se quedaron en la grada. El primero por una lesión que se produjo en el encuentro frente a Suecia y el segundo, por sanción. Demasiadas ventajas para Checoslovaquia. El simple vistazo a las dos formaciones, cuando estaban alineadas escuchando la interpretación de sus respectivos himnos nacionales ponía de manifiesto una teórica desigualdad física y de estado nervioso entre ambos contendientes.
A Checoslovaquia le bastó, en el primer tiempo, con explotar sus ventajas en el juego aéreo para ponerse en ventaja. El tanto del gigantón Skuravy, al que sus compañeros apodan Rambo-gol, rompió el esquema ultradefensivo montado por el técnico yugoslavo, Milutinovic, que tantos éxitos le dió en la primera fase.
Milutinovic vió el partido perdido y echó mano de su arma secreta, tras el descanso. El joven Medford saltó al terreno de juego y dió alas a sus compañeros. No marcó, pero un desplazamiento suyo propició el gol de su compañero González. Costa Rica volvía a soñar y Checoslovaquia vió encendida la luz roja. Pero de nuevo fue Skurhavy quien marcó la diferencia. Ya es el máximo goleador del Mundial.z
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 24 de junio de 1990