José Franco de la Cruz, El Boca, de 28 años, se encontró ayer con una coartada en el segundo día del juicio por la violación y el asesinato de la niña onubense Ana María Jerez. Cuatro adolescentes, que habían formado un equipo de fútbol-sala, testificaron que vieron a El Boca solo y borracho, a las 17.30 del 16 de febrero de 1991, el día del asesinato. El fiscal mantiene en sus conclusiones provisionales que El Boca abordó a la pequeña a las 17.00. Manuel Villalba, el abogado defensor, dijo al final de la vista oral que aprovechará las declaraciones de los jóvenes.Las medidas de seguridad se reforzaron ayer en el Palacio de Justicia de Huelva. Los asistentes fueron rigurosamente cacheados por las fuerzas de seguridad antes de entrar en la sala del juicio.
Hubo un momento en el que en la Audiencia se hizo un silencio total. Adoración Cano, la madre de la niña asesinada, entró en la sala aferrada a su bolso y con una profunda angustia marcada en el gesto. No miró a El Boca. Durante su declaración, su voz, quebrada, pero decidida, creó un ambiente de asfixia, cuando de los tecnicismos de un juicio se pasó a la evidencia de una tragedia. Adoración recordó en voz alta a su hija: "Era una niña muy zalamera, tenía una simpatía duplicá".
Franco permaneció con la cabeza agachada mientras declaraban los padres de Ana María Jerez. Luego se incorporó.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 14 de enero de 1993