Con razón protesta EL PAÍS contra las pintadas racistas que ensucian en más de un sentido Madrid, y contra la incuria de las autoridades en eliminarlas. Tanta dejadez llega, en efecto, a ser complicidad por omisión. Con el agravante de hipocresía, si recordamos las ardientes declaraciones antirracistas de esas mismas autoridades en la manifestación de noviembre pasado.-
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 14 de enero de 1993