El señor De Blas Guerrero, en su artículo Legitimidad y estado autonómico, hace una extraordinaria aportación conceptual a la cultura política que indudablemente, una vez sea incorporada a la misma, desdramatizará y hará comprensibles muchos aspectos de la realidad española. Define a España como una nación política: los individuos que forman las naciones culturales o pueblos participan de una cultura, lengua, memoria histórica y costumbres comunes; a los individuos que forman la nación política les une su participación en el proyecto o realidad política que, en nuestro caso, configura España. Esta participación puede ser activa o solamente pasiva: es la de aquellos que, rechazando esta realidad política, sin embargo, están incorporados legalmente a la misma. Enhorabuena, señor De Blas.Pero me parece frívolo que llame periféricos a los nacionalismos vasco y catalán: los nacionalismos castellano y francés son periféricos para los catalanes y los vascos, y el castellano y el portugués lo son para los gallegos... Es más objetivo referirse a ellos diciendo, simplemente, los otros nacionalismos. Y es discutible tildarles de insolidarios: la solidaridad obliga a todos, también a las regiones castellanas. Y es ingenuo, ante estas "otras nacionalidades", oprimidas culturalmente y explotadas económicamente por la insolidaridad de unos gobernantes centrales que se resisten a la negociación, no ver motivos para cuestionar el Estado de las autonomías: "Cuando un pueblo se siente maltratado... vienen los deseos de secesión" (señor Fraga Iribarne, presidente de la Xunta de Galicia, 10 de noviembre de 1992, ante la Xunta).-
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 15 de febrero de 1993