El fax es un invento de ayer mismo que prácticamente nadie utiliza, y el aeropuerto de Barajas es un placentero lugar lejos del mundanal ruido, por lo que parece lógico que los escasos pasajeros que tengan la osadía de usar aquel instrumento sean penalizados. ¿Cómo? Pues vía precios desorbitados e injustificables. Así, en ambos locutorios de Cabitel en Barajas se aplican arbitrarias tarifas por zonas y número de páginas, independientemente del número de pasos necesarios y del precio de éstos en función de día y hora de transmisión de la información. Ejemplo: dos páginas a Uruguay, 3.970 pesetas, ya estén en blanco o llenas de garabatos, ya sea lunes mediodía o sábado noche. Y si en uno de los dos locutorios se estropea el sospechoso ingenio, pues cargue usted con sus bártulos hasta el segundo, en el otro terminal, que con estas tarifas cualquiera adquiere un fax de repuesto, y a lo mejor en la larga travesía se le pasan a usted las ganas de ser tan moderno.-
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 22 de abril de 1993