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Crítica:DANZA

Traición a un gran estilista

Pierre Lacotte es el último arqueológo del ballet francés, un valedor insustituible y mas que necesario, conocedor de la tradición y en su modalidad, el mejor reconstructor del gran repertorio romántico y tardoromántico.Esta Giselle que ingratamente los desaprensivos programadores de Madrid en Danza han metido con calzador en el escenario del Albéniz, data de principios de los años 80, cuando Lacotte la remontó para el ballet de Montecarlo con Gheslaine Thesmar como protagonista, tratando de limpiar el original francés sin desechar el aporte de Marius Petipa y de la escuela de San Petersburgo.

Estilo es aquí la palabra clave. Amaya Iglesias no baila todavía una buena Giselle. Tiene talento, posee técnica, no teme a evolucionar sobre sus puntas, pero aún le falta entonar el personaje. Ella tuvo mejor segundo acto que primero, pero aun asi, el sabor que deja es de superficialidad, de trato epidérmico de la dramaturgia y del estilo, por no hablar de la mímica.

Ballet Nacional de Nancy

Giselle: coreografia: Coralli-Perrot-Petipa-Lacotte, música: Adolph Adam. Madrid en Danza. Teatro Albéniz, Madrid. Del 11 al 15 de mayo.

Lacotte es un coreógrafo culto, experto, y sus arcaicas variaciones sobre fragmentos musicales olvidados exigen de una definición formal que la maña aún no puede desplegar. Por ejemplo: en el primer acto emergió virtuosa pero acabó apresurada, fuera de música. Hasta estaba peinada equivocadamente, y en ballet no hay detalles nímeos, sino filigranas que completan la estampa estilística. La producción es muy hermosa; la pena es que traer así esta Giselle es una traición a Lacotte y al clásico mismo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 15 de mayo de 1994