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Tribuna:

Libera Me

La Reina les va a casa unos cuantos, pero aun así el atraso que arrastran en España no se apana. En el invierno, su vida es más tranquila: a algunos los exhiben en vitrinas, otros pasan de mano en mano y mueven altas sumas, y los hay que resultan afortunados en una surtida gama de concursos. En verano se ponen perdidos de arena y aceite. Al final de la primavera los sacan a la calle en tenderetes, grandes espacios y casetas; ellos están delante, a montones, los más puestos con bufandas chillonas en la solapa, y detrás, pronto al tiro al blanco, el esforzado -negro que les dio el ser. En estas ocasiones suele haber música de altavoz, barquilleros, familias numerosas, saltimbanquis y hasta algún carterista de manos lacias: una pequeña feria del mundo. Acostumbra a llover, y a veces hay que poner tablones para salvarlos del barro.Yo no puedo vivir sin ellos. He perdido con el tiempo propiedades, amigos y amores insustituibles, pero su compañía, su presencia, ya sea muda o táctil (nunca ciega), no me deja. No me deja tampoco vivir con ellos, pues tengo tantos ya y tan queridos todos que no sé dónde meterlos o ir a meterme yo. Pero sigo negándome a prestarlos, venderlos o echarlos de casa. He llegado a dar cobijo bajo mi techo a los desamparados de algún hogar, disuelto. De tarde en tarde, yo mismo contribuyo a su manufactura, lo cual complica más las cosas. ¿Tienen futuro? ¿Estaremos creando"monstruos que una vez lanzados al mundo serán unos inútiles, unos desocupados, desechos en potencia? Ayer mismo adquirí tres más. -Y tengo uno inmente.

¿Y si es cosa del nombre? Book suena a limpio. Catalán y francés distinguen limpiamente la libertad del leer. El español la pringa poniendo esa b alta al libro. Que el Señor no nos libre nunca de ellos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 28 de mayo de 1994