Los que vivimos en las capitales estamos comprobando cómo se pone de moda eso llamado voluntariado. Han surgido numerosos grupos y ONG dedicadas a servi-Pasa a la página siguiente Viene de la página anterior
cios sociales de todos los caracteres. Queda muy bien decir: "Soy voluntario", le da a uno nobleza y valor de cara a la sociedad. Pero eso no hay que serlo, sino sentirlo dentro. Y hasta que uno no se pone de verdad a practicarlo no lo puede sentir, por mucha preparación que tenga.
Nosotros, el Grupo del Onco, sí nos sentimos voluntarios, traducido a nuestra jerga nos sentimos necesitados, queridos, apoyados, amigos de aquellos a quienes entregamos no sólo tiempo, sino parte de nuestra vida. Éste es el objetivo: comprender al máximo la situación del necesitado y entregarle lo mejor de uno mismo.
Durante más de 25 años lo hemos intentando y no nos ha salido tan mal. En todo momento nuestra actitud ha sido receptiva y respetuosa; si ha habido fallos, se han superado con humildad y mucho cariño. Nuestro centro de trabajo ha sido el pabellón de oncología del hospital general Gregorio Marañón de Madrid. Allí se nos quiere. Pensamos que se debe a la cuidadosa labor que hemos venido realizando tanto tiempo, colaborando siempre con el personal técnico, con las familias de los enfermos y con los propios enfermos.
Desde finales de enero no nos permiten la entrada, se nos trata como grupo religioso y se nos margina. En nuestra mayoría somos católicos y los viernes, antes de hacerles la visita, invitamos a los enfermos a la celebración de la eucaristía, acto al que no pueden acceder fácilmente, ya que en el citado pabellón no hay capilla. Algunos pacientes no pueden trasladarse a la del central y voluntariamente nos acompañan a nosotros. Pero este motivo es suficiente para las altas esferas y les permite echar a un grupo de personas, entre ellas estudiantes, antiguos enfermos y todo tipo de profesionales, que tan sólo pretenden hacer más llevadera una terrible enfermedad como lo es el cáncer.
Por eso queremos que sepan que nuestra labor no acaba aquí, y que intentaremos trabajar en otros centros donde no nos marginen. En el oncológico hemos encontrado grandes amigos con quienes seguiremos en contacto, siempre a su disposición.
Y que no cunda el pánico. Esto sólo ocurre en uno de cada cien casos- Sonia Bronchalo Benito.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 6 de julio de 1994