Quiero expresar mi solidaridad con las comunidades de vecinos en las que viven personas que no dejan vivir al resto. Hablo por propia experiencia de lo desagradable que escuchar gritos de los vecinos, y más cuando esos vecinos son personajes públicos, que a veces se creen invencibles y que pueden dominar la situación.-
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 23 de diciembre de 1994