ISABEL FERRER, Michael Kennedy, un sacerdote católico irlandés, pariente de la familia del fallecido presidente John F. Kennedy, reconoció ayer públicamente haber advertido a su congregación de Dungarvan (sur de Irlanda), durante la misa, de la presencia de una adolescente "vengativa" que se ha propuesto transmitir el sida, enfermedad que padece, a sus parejas sexuales. Cinco de sus compañeros han descubierto ya, según afirma, que son seropositivos. Otros 80 están sometiéndose a diversos análisis para salir de dudas. El religioso ha decidido sincerarse con sus feligreses porque considera que la joven está poniendo en peligro, a sabiendas, la vida de otras personas.
La noticia, conocida por los feligreses el pasado domingo en plena misa, ha sentado como una bomba en la pequeña población irlandesa, de apenas 7.000 habitantes. Desde hace dos días no se habla de otra cosa en los mercados y pubs. "Creíamos que esto sólo pasaba en Hollywood", comentaba ayer una feligresa. "Seguramente es verdad. El padre ha hecho bien en informamos", declaraba una madre de familia bien pensante.
Kennedy afirma que supo de las andanzas de la chica, cuyo nombre se mantiene en el anonimato, a través de uno de sus novios. En una conversación privada, que no ha calificado de confesión formal, éste le dijo que atravesaba momentos muy difíciles. Había mantenido relaciones sexuales con ella y sospechaba que estaba enferma. Sabía además que practicaba el sexo sin protección con otras personas. Lleno de dudas y miedo acudió en busca de su consejo y apoyo.
El sacerdote, que guarda gran parecido con sus parientes norteamericanos, no ha calificado el encuentro de confesión. Sé trata, según él, de una confidencia con repercusiones insólitas y amargas. Frente a las cámaras de las televisiones pública y comercial británicas sostuvo ayer que la joven. se había propuesto cumplir una "misión revanchista". Ella misma contrajo el virus en Londres, donde vivió una temporada. La amargura inicial al verse infectada se transformó luego en ira. Un sentimiento que ahora no puede controlar, añadió el religioso.
Si Michael Kennedy ha violado o no el secreto de confesión es algo que sólo saben en estos momentos él y su interlocutor. El derecho canónico vigente señala en su canon 983 que el sigilo sacramental no puede ser quebrantado nunca por un sacerdote católico. De hacerlo directamente (revelando el pecado y la identidad del pecador), la pena de excomunión es impuesta por Roma de forma fulminante. Si la violación del mismo es indirecta (revelando sólo el pecado o sólo el pecador, pero indicando a la vez datos que pueden llevar a identificarlo), tampoco se excluye el apartarlo de los sacramentos.
El ministro irlandés de la Salud, Michael Noonan, ha minimizado tales revelaciones. "Por el momento no tenemos ninguna prueba para confirmar o desmentir las declaraciones del padre Kennedy", declaró, argumentando que no tiene pruebas de que hayan aumentado los casos de sida al sur del país.
También los irlandeses han acogido la noticia con cautela, mostrando su extrañeza de que los cinco jóvenes se hayan Contagiado a través de un solo contacto sexual con la enferma. Robin Gorna, especialista en sida, aseguró que en el estado actual de conocimientos "existe mucho menos riesgo de que una mujer infectada transmita el sida que un hombre". Estima que el hombre tiene una capacidad de contagiarlo 20 veces mayor.
Este médico no se privó de criticar en este caso a la Iglesia católica por condenar el uso de los preservativos, otorgándole su parte, de responsabilidad en estos sucesos. "Aqui es complicado adquirirlos y hay muy poca" información sobre el sida", criticó. "Este asunto es una revelación de la tragedia que representa la falta de información y la educación sobre esta enfermedad en Irlanda", subrayó el experto.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 13 de septiembre de 1995