Benigno Pérez Herrero y Javier Díaz Bada tienen 10 y 12 años, pero cuentan ya en su haber con el privilegio de haber puesto los pies en la cima del Naranjo de Bulnes, la más emblemática de las cumbres de los Picos de Europa. Los dos niños viven en Tielve (Asturias), uno de los pueblos enclavados en el corazón de estas moles de caliza y roca. Para ellos, como para el resto de los lugareños, el mítico Naranjo es el Urriellu, o simplemente el picu. Acompañados por Chema Gutiérrez, un joven que ya ha coronado esta cumbre más de cuarenta veces, los dos neófitos montañeros lograron vencer la indómita montaña por su cara sur, la más liviana, pero no por ello menos meritoria. Al fin y al cabo, dos prestigiosos geólogos franceses, el conde de Saint Saud y Paul Labrouche, renunciaron en 1892 a intentarlo por considerarlo imposible. Desde sus 2.519 metros de altitud, lo que se avista es una apoteosis de gran belleza y de crestas afiladas. El proyecto ahora de los dos jóvenes deportistas es repetir la experiencia, pero por el perfil noroeste, el mismo por donde el Urriellu fue escalado por vez primera, hace 91 años, por una cordada formada por un aristócrata --Pedro Pidal, marqués de Villaviciosa de Asturias- y un pastor, Gregorio Pérez, El Cainejo.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 5 de octubre de 1995