"La gente va diciendo por ahí que queremos convertir todo el mundo en una sinagoga. Eso es una gran mentira". Con esas palabras, Abraham Shapira, del fundamentalista partido Judaísmo de la Biblia, intentó ayer calmar los ánimos del sector laico de Jerusalén tras una serie de pronunciamientos de los rabinos que amenazan con alterar el actual estado religioso en la Ciudad Santa. El rabino Abraham Ravitz, jefe de esa fuerza que junto con otros dos partidos religiosos han conseguido 23 de los 120 escaños del Parlamento, protestó ayer por las comparaciones que los judíos laicos están trazando "entre los rabinos y los ayatolás". "No se nos puede comparar con Irán", dijo.Una serie de indicaciones de que los rabinos ultraortodoxos piensan presionar más para imponer una rígida legislación religiosa en Jerusalén han puesto en guardia a la mayoría laica. Un rabino pidió hace poco el cierre de la principal sucursal de la cadena McDonald's por vender hamburguesas con queso y exigió el cierre de restaurantes y cines durante el shabat, el descanso religioso judío que comienza al atardecer de los viernes y dura 24 horas.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 7 de junio de 1996