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Crítica:

El circo

Sin duda el trío formado por Pras, Lauryn y Wyclef es la revelación del año. Quién hubiera esperado que el hip hop se convirtiera en una música de masas. Quizá la culpa la haya tenido el gancho con que la inteligencia demostrada por esta banda norteamericana de ascendencia haitiana ha sabido tentar al público. La pulcritud y. calidez de su sinuosa reinterpretación del clásico Killing me softy ha servido de embudo para levantar pasiones colectivas y sin duda merecedoras en su música. El hip hop en ellos es una parcela intacta, pero el maremágnum y la globalidad de su repertorio no olvida que el mundo es grande y la música infinita.En 1993 editaron un trabajo con el nombre de Translator crew sin mucha repercusión donde el funk ya tenía cabida en su nueva concepción del rap. Con su última entrega, Score, el cielo se ha abierto sobre sus cabezas descubriendo a millones de seguidores.

Fugees

Pras (voz), Lauryn (voz), Wyclef (guitarra y voz). Sala La Riviera. Entradas: 2.500 pesetas. Madrid, 9 de octubre.

Los Fugees comenzaron su concierto como si de un circo se tratara y lo continuaron de igual forma pero con la vitalidad y capacidad de ingenio que sabe arrastrar a la multitud. Una larga y confusa introducción, al recital de manos de un D. J. que ocupó más de un cuarto de hora en hacer sonar sus platos como si de una discoteca se tratara y que al fin, y tras un pequeño bloqueo del público que nunca se rinde a la primera, resultó intensa por cuanto tuvo de malabarista. El pequeño bocado se convirtió en sabroso nada más aparecer Wyclef, que hizo lo propio tocando la guitarra magistralmente con la lengua. Bailar y cortar el ritmo parecía la contraseña del trío y de sus músicos; pauta o contraseña que repitieron constantemente en permanentes subidas y bajadas.

Los Fugees han sabido convertir la frialdad y la violencia que ya parecían intrínsecas al rap en calidez y sensualidad. Basta recordar a personajes menos dulces, como Snoop Doggy Dog, implicado en un asesinato, o la ya manida noticia de la muerte a tiros del mafiosillo Tupac Shakur. Fervorosos amigos de la marihuana, en sus letras se deslizan palabras de amor.

Tarde pero por fin aparece Lauryn sobre las tablas, pero. antes una batería, un bajo y un teclado han encauzado el concierto. Es extraño que un negro cante mal pero la voz femenina del trío cantó como los ángeles mientras recibía la ovación más intensa de la noche continuando un recorrido de temas propios.

Versiones como No woman no cry o la manoseada Killing me soft y y Samplers envolvieron el concierto como un gran lazo que el público supo desatar.

Los Fugees han encontrado la universalidad para el rap, no dicen palabras que se difuminan en su propio localismo y gueto, no empujan con la violencia verbal y saben retomar la cultura rock para divagar con el futuro de una música que ya está aquí.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 10 de octubre de 1996