"He regresado como un victorioso caudillo romano". El primer ministro turco, el islamista Necinettin Erbakan, llegó ayer a Ankara de vuelta de una gira diplomática, vio a la prensa que le aguardaba con las garras afiladas en el aeropuerto y proclamó el "éxito" de su visita a Libia, donde Muaminar el Gaddafi le jugó una mala pasada al reivindicar la independencia para los kurdos: el gran tabú de Turquía. Fruto de la locuacidad del líder libio, a Erbakan le esperaban también a su regreso dos peligrosas mociones de censura -gobierna en coalición con la conservadora Tansu Ciller- que se votarán en el Parlamento la semana próxima y una llamada a capítulo de Estados Unidos, su tradicional aliado, por el espaldarazo que el jefe del Gobierno turco dio al apestado Gaddafi. Washington quiere ahora abrir un "diálogo privado" con Ankara para aclarar la posición turca ante el terrorismo.
Tres meses después de convertirse en el primer jefe de Gobierno islamista en la Turquía laica fundada por Mustafá Kemal, Atatürk, Erbakan observa confiado como le siegan la hierba bajo sus pies. "Las declaraciones de Gaddafl fueron más bien de tipo filosófico", justificó ayer su silencio ante la proclama pro kurda del líder libio.
La coalición del islamista Partido del Bienestar con el Partido de la Recta Vía, de Ciller, recibe el apoyo, junto con un pequeño grupo de ultraderecha, de 286 de los 550 escaños del Parlamento. Las mociones de censura presentadas por dos formaciones socialdemócratas serán previsiblemente respaldadas por el principal grupo de la oposición, el Partido de la Madre Patria (conservador) del ex primer ministro, Mesut Yilmaz.
Voto de castigo
Los observadores políticos de Ankara predicen, no obstante, que el voto de castigo a Erbakan no tiene visos de prosperar. En primer lugar, porque no. existe una alternativa viable -los irreconciliables Çiller y Yilmaz pugnan por el liderazgo de la derecha nacionalista- y, segundo, porque la propia Çiller no quiere arriesgarse a volver a la oposición. Su alianza con Erbakan la salvó de tres investigaciones parlamentarias por corrupción en su anterior Gobierno.Çiller, que no vaciló en declarar a Gaddafl "enemigo de Turquía", ha lanzado un llamamiento a los parlamentarios de su partido para que mantengan la disciplina de voto en la moción de censura. La viceprimera ministra y titular de Exteriores también recuerda que la estabilidad del Partido de la Recta Vía garantiza la estabilidad de Turquía". El Ejército turco, que juega el papel de guardián de los principios laicos de Atatürk, ha dado también muestras de su malestar por la expansión del integrismo islámico desde la llegada de Erbakan al poder. La imposición de la sharia (ley islámica) por los talibanes en Afiganistán no ha hecho más que acrecentar la inquietud en unas Fuerzas Armadas que han jalonado de golpes de Estado la reciente historia de Turquía.
La polémica por las declaraciones de Gaddafl ante Erbakan ha coincidido con una amplia ofensiva del Ejército turco contra la guerrilla independentista del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK). El pasado martes, fueron abatidos 118 rebeldes en una zona próxima a la frontera iraquí. Un día después, la aviación turca mató a otros 64 guerrilleros en una incursión en el norte de Irak.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 10 de octubre de 1996