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Kafka viajaba en 'seiscientos'

El Ayuntamiento achatarra un coche tras una cadena de errores burocráticos y da al dueño 50.000 pesetas

Madrid El 2 de junio de 1993 José Pedro Rincón, un médico en paro, por entonces de 46 años, aparcó su seiscientos en una calle cercana a la plaza de Castilla. Cuando volvió a recoger el vehículo no lo vio: se lo habia llevado la grúa. Fue el primer paso de un conjunto de calamidades burocráticas y desgracias personales que acabaron con el coche convertido en chatarra sin salir de las dependencias municipales y con el hombre enfangado en un laberinto ruinoso de papeles. El pasado 11 de septiembre, el Ayuntamiento aprobó indemnizar a Rincón con 50.000 pesetas, cifra que al afectado le parece insuficiente.Rincón asegura que la grúa se llevó su coche ilegalmente. La señal de "estacionamiento reservado" se encontraba tapada por las ramas de un árbol. Para demostrarlo, el mismo día que se quedó sin coche, tiró una veintena de fotos para preparar un "pliego de descargos", esto es, una reclamación, que envió al Ayuntamiento.

Cuando, convencido de que el Ayuntamiento había hecho caso a su reclamación, se presentó 15 días después en el almacén a recoger el coche, un agente municipal le indicó que tenía que pagar casi 100.000 pesetas. El hombre oyó la cifra como el que oye un terremoto. Había otro error: los agentes habían consignado equivocadamente la fecha de recogida, añadiendo 30 días más. Y a 1.200 pesetas por jornada -que es lo, que el Ayuntamiento cobra a los dueños de los automóviles cuando éstos permanecen en las cocheras de la grúa-, el montante resultaba desorbitado para un médico en paro convencido de que no iba a tener que abonar nada.

Por esos meses, Rincón cambió de domicilio: su situación económica se despeñaba y decidió volver a casa de sus padres, con lo que los avisos del Ayuntamiento advirtiéndole que como no se presentara y pagara, el coche iba a ser destruido, no le encontraron. El afectado notificó a Correos que se había cambiado de domicilio, pero eso no sirvió. Además, seguía confiando en su plieeo de escargos. Lo que desconocía el nombre era que este papel se había perdido en algún "proceso informático" municipal, según específica un informe del Defensor el Pueblo, a quien Rincón se dirigió.

Mientras, claro, la silenciosa maquinaria que conducía a su coche hacia la destrucción seguía su curso. El seiscientos, sin moverse de las cocheras, en enero de 1995, ingresó en una lista de aire lúgubre donde la Comunidad de Madrid publica todos los meses los vehículos encontrados en la calle cuyo único destino es desaparecer convertidos en chatarra. Una lista en la que, según Eugenio Morales, concejal del PSOE, "se cuelan con bastante frecuencia errores municipales, ya que no es éste el único caso". Entre unas cosas y otras, Rincón ni siquiera se enteró de que su coche figuraba en ese informe siniestro. Lo supo más tarde. Y el médico, de carácter depresivo, se agarró a sus papeles con la determinación fatal de los personajes de Kafka. Peloteó burocráticamente con el Ayuntamiento hasta que éste reconoció 11 en parte" su error. Rincón no lo acepta: "Yo tenía un coche y ahora no. 50.000 pesetas no valen".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 10 de octubre de 1996