Su nombre está vinculado a uno de los teatros que más ha dado que hablar en los últimos tiempos: el Alfil. Carlos Romay entró en contacto con esta sala primero como productor de montajes y más tarde, hace ahora tres años, pasó a dirigirlo. Romay, de 37 años, es gallego nacido -más bien de casualidad en La Coruña. Pero siempre ha vivido en Madrid. Aquí fue donde dio sus primeros pasos como actor, una carrera que duró poco por culpa de Juan Echanove y Antonio Banderas: trabajar con ellos le hizo ver lo que es un actor y lo que no lo es. Como productor ha participado en acontecimientos culturales como el Festival de Otoño o las Fiestas -del Dos de Mayo. Y ahora, este hombre. de teatro se embarca en una nueva aventura para la que cuenta con la colaboración del grupo de humor Yllana: han especializado al Alfil en teatro de humor.Pregunta. De los antiguos socios sólo ha quedado usted. ¿Por qué?
Respuesta. Se fueron porque el proyecto que se habían marcado se hacía inviable por circunstancias ajenas al teatro.
P. ¿Es un buen negocio tener un teatro en Madrid?
R. No es un negocio ni deja de serlo. Es una forma de vida. En ocasiones se puede vivir muy bien, y otras, lampando y pidiendo préstamos o cosas así.
P. Explique cómo surgió la idea de reconvertir el Alfil en un teatro de humor.
R. Ha sido una decisión que ya se dibujaba en la temporada anterior. Viene del público. El público es el que pide, y nosotros damos espectáculos de humor.
P. ¿Realmente están para bromas los madrileños?R. Yo creo que, por todo os que nos rodea y todo lo que nos ocurre, los madrileños están por reírse. Pero también les gusta que les hagas llorar. Lo que les gusta es sentir.
P. ¿Por qué no hay grupos madrileños que se dediquen al teatro de humor?
R. Eso nos preguntamos los Yllana y yo. Hay grupos, lo que pasa es que no terminan de tener el espectáculo cerrado como una obra teatral. Son más café teatro o cabaré.
P. ¿Cómo es posible que de la noche a la mañana hayan solucionado sus problemas con el Ayuntamiento?
R. Aquello fue un importante error de base, una pequeña guerra que ocurrió hace tres o cuatro años. Y con buena voluntad de las dos partes, no hay necesidad de seguir peleando, sino todo lo contrario. Dos no riñen si uno no quiere.
P. ¿No cree que, de alguna manera, aquellos problemas les beneficiaron? Se habló mucho del Alfil.
R. No. Nos perjudicó. Hubo muchas temporadas que la gente no venía porque no sabía si el teatro estaba abierto, cerrado o qué.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 10 de octubre de 1996