El cambio de la prueba de selectividad previsto para el próximo curso consistirá en dos opciones posibles, según los análisis que está preparando el Consejo de Universidades: un examen de madurez al término del bachillerato, que correría a cargo de los centros de secundaria y completado por otro, de conocimiento, en manos de las universidades. O una prueba única dividida en dos partes que calibrará la madurez y el conocimiento, ligado a la titulación elegida por el alumno. Estas son las dos vías que vislumbra Francisco Michavila, secretario geneneral del ConsejoHabrá una separación en dos partes del examen de acceso a la Universidad. Una consistirá en que el final del bachillerato culmine en una prueba y calificará la madurez del alumno. Tendrá asimismo un carácter de control a nivel nacional equiparable a la selectividad actual. La otra, un examen de aptitud practicado por las universidades y marcado por la titulación elegida.
Ya que sería complejo que el examen a pasar en las universidades fuera -practicado por cada- facultad o escuela, Francisco Michavila apunta como posibilidad el que se organicen grupos de pruebas según las titulaciones. Y cuenta con una parrilla compuesta por un mínimo de cuatro bloques y un máximo de ocho. "Los alumnos elegirían el grupo dentro de una prueba de carácter específico y en función de la titulación deseada", afirma Michavila. Al final, se ponderarían los resultados del bachillerato y los específicos universitarios.
Una segunda posibilidad que no descarta Francisco Michavila después de los encuentros, con los rectores que están preparando los borradores para una reunión, monográfica del Consejo de Univesidades (CU, órgano consultivo del Ministerio de Educación donde están presentes los rectores de las universidades) que se celebrará en Barcelona los días 29 y 30 de octubre, consiste en aplicar una prueba única en la universidad pero dividida en dos partes. La primera, genérica, calibraría la madurez del alumno. La segunda, específica, estaría apoyada en la rama del bachillerato cursada y ligada a la titulación deseada. "Con cualquiera de las dos opciones", afirma Michavila, "se conseguirían los tres objetivos de las pruebas de acceso a la universidad: validación de los contenidos formativos del bachillerato, orientación de los alumnos en su ingreso a la universidad y ordenación a partir de los méritos para conseguir una opción de carrera".
Michavila deduce estas posibilidades a partir de los trabajos que está preparando una comisión técnica de cara a las reuniones de Barcelona aunque todo queda sujeto a que la legislación permita dar cualquiera de estos pasos. Al final, se elaborará un documento a principios de noviembre que orientará al ministerio en la decisión última posiblemente en vigor a partir del curso 19971 98. "Se impone estudiar acciones inmediatas", comenta Michavila, "para: la adaptación del actual COU que elimina la reforma (LOGSE) al nuevo bachillerato".
Desde septiembre está trabajando en el cambio de la selectividad una comisión técnica compuesta por los rectores de distintas universidades entre las que se encuentran la Complutense de Madrid y las de Salamanca, Granada y Extremadura. "No es cierto, como se ha afirmado (ver EL PAIS del 29 de septiembre), que el Consejo haya hecho encargado este tema a los rectores de Cataluña en especial", subraya Michavila. "Y tampoco, como decía la misma información, que los rectores catalanes sean los únicos de España que han reflexionado sobre la necesidad de un nuevo sistema de selección".
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 10 de octubre de 1996