Los crímenes políticos que han convertido a México, desde 1993, en el paraíso de los amantes de la novela negra siguen marcando el ritmo político el país. El presidente Ernesto Zedillo destituyó a mediodía de ayer, por sorpresa, a Antonio Lozano, que desempeñaba el cargo de procurador general de la República (a medio camino entre el ministro de Justicia y el de Interior).Lozano, único cargo perteneciente a la oposición -es militante del conservador Partido de Acción Nacional- había asumido el puesto, hace ahora dos años, con la promesa de llegar a fondo, cayera quien cayera, en las investigaciones de los asesinatos del cardenal Juan Jesús Posadas; del candidato presidencial del gubernamental Partido Revolucionario Institucional (PRI), Luis Donaldo Colosio, y del secretario general de esta formación, José Francisco Ruiz Massieu, ocurridos entre marzo de 1993 y septiembre de 1994.
No solamente los casos quedaron atascados, sino que además la Procuraduría empezó a estar en el punto de mira por su peculiar forma de proceder. Empeñado en culpar de las muertes de Colosio y Ruiz Massieu al ex presidente Carlos Salinas y a su hermano Raúl, el fiscal Pablo Chapa -brazo derecho de Lozano- ha jalonado sus investigaciones con filtraciones sin fundamentos, acusaciones veladas sin pruebas, presiones a test¡ g os y enfrentamientos con el poder judicial.
Sin ir más lejos la pasada semana la justicia de Suiza presentó una dura protesta contra la Procuraduría mexicana por emplear la información bancaria que había proporcionado sobre Raúl Salinas para otros fines a los dispuestos inicialmente.
Otras de las irregularidades fue destacada ayer por algunos medios mexicanos, que aseguran que Lozano ha ocultado la información de que el famoso esqueleto encontrado en una finca de Raúl Salinas no pertenece en realidad al diputado Manuel Muñoz Rocha, supuesto testigo y cómplice del asesinato de Ruiz Massieu.
Pero el detonante de la intempestiva destitución queda, por el momento, en el misterio. El comunicado oficial de cuatro folios, emitido ayer, dedica sólo dos líneas a Lozano, a quien se agradece escuetamente "el esfuerzo desplegado". En la sede de la Procuraduría, mientras tanto, la sorpresa se reflejaba en las caras largas que lucían sin recato sus colaboradores.
El presidente Zedillo ha decidido mantener el cargo fuera de la manos de su partido, y ha nombrado como nuevo procurador a Jorge Madrazo, que hasta ahora ocupaba el cargo de presidente de la Comisión Nacional de Derechos Humanos y que no tiene militancia política alguna.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 3 de diciembre de 1996