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CARTAS AL DIRECTOR

Debod, maltratado

Hoy, 26 de enero de 1997, he comprobado otra vez el maltrato general que recibe el parque del templo de Debod. Especifico. Hace unos años, el estanque que rodea a la imitación de rampa y camino sagrado con dos puertas que lleva a la puerta del pequeño templo está seco y con hierbas. Ese estanque (antes de que el Ayuntamiento cerrase aquello un verano para poner el cine al aire libre, de lo cual quedan huellas de los pegotes de cemento que fijaron las vallas) y el alto plinto donde está alzado el templete servían para alejar a la gente de la tentación de tocar y ultrajar esas piedras de 3.000 años.Pues, bueno, hoy había como veinte personas paseando por el plinto y otras seis u ocho por las puertas, y una mamá con sillita ha puesto a su niña a hacer pis o caca bajo la primera gran puerta. Cuando me he acercado al vigilante del templito y su acompañante y se lo he dicho, no lo habían visto y no me han podido explicar por qué no hay agua en el estanque y esa excesiva proximidad de la gente.

Lo cierto es que de noche hay dos guardias, pero de día, uno, y, como están para el monumento, no vigilan otras cosas, como que chicos y grandes jueguen al fútbol encima de las zonas de pradera hasta que las pelan y cambian a otra, habiendo anchos paseos de tierra y asfalto. Tampoco han impedido que un capitel egipcio que pusieron lejos, como hito sin explicación y con descuido, esté desgastado en rayas por los chicos, sirva para que los padres suban a sus niños y, ahora, con la lluvia, esté verde de verdín. Lo mínimo es que hubiese estado desde el principio en el Museo Arqueológico, pues allí no hace pensar a nadie.- .

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 2 de febrero de 1997