Félix García Martínez, graduado en Teología, doctor en Filología Románica y catedrático de Lengua y Literatura en Avilés (Asturias), emplaza al Defensor del Lector a dar "alguna explicación sobre el desaguisado" que, a su entender, se ha producido en torno a la fotografía de la ministra de Agricultura, Loyola de Palacio, publicada en EL PAÍS el pasado día 20 de enero, en actitud que este, lector describe como "humilde y suplicante ante el Altísimo". Pero ¿a qué desaguisado se refiere el lector? Él mismo lo explica en una carta titulada Los/as otros/as 'Quintanas': "No salgo de mi asombro al contemplar la reacción tremenda, claramente fascista y sexista, que ha provocado la fotografía en la que aparece la excelentísima señora ministra de Agricultura, doña Loyola de Palacio, en actitud humilde y suplicante ante el Altísimo. Toda la progresía ridícula y trasnochada, como poseída del espíritu sacrílego de la mofa, ha dejado entrever con toda claridad su verdadera catadura moral e intelectual; pensaba que EL PAÍS ya estaba inmunizado de los Galas y Umbrales de turno. ¿Qué pretende Maruja Torres con esa pose de perdonavidas?".El Defensor del Lector no puede responder de la reacción de "toda la progresía ridícula y trasnochada" a la que se refiere el lector; sólo de lo publicado en EL PAÍS, es decir, del pie de foto, de la crónica del corresponsal en Segovia, Aurelio Martín, y de la columna de Maruja Torres, titulada Piedad. Pero el Defensor del Lector no observa nada censurable, ni desde el punto de vista del rigor periodístico ni del respeto debido a las personas, en el aséptico y descriptivo pie de foto; tampoco en la crónica del corresponsal en Segovia en la que se recogen las palabras textuales de la ministra atribuyendo al Altísimo -que ha hecho llover y que se registren buenas cosechas- la subida en un 22% de la renta agraria, y que describe su postura orante en la fotografía exhibida en el teatro Juan Bravo con el bello y preciso término levitar, muy acreditado, por otra parte, en la literatura mística. Tampoco cree el Defensor del Lector que la columna de Maruja Torres -desde la distancia crítica del no creyente- sea despectiva ni hiriente, ni que desborde los límites de la tolerancia en el marco del derecho a la libertad de expresión. Probablemente, la propia ministra tampoco lo cree. En todo caso, el lector debe tener en cuenta, si se quiere centrar bien la cuestión, que al mezclar a Dios con su gestión ministerial la ministra de Agricultura ha situado la creencia -algo fundamentalmente íntimo y privado- en la esfera de lo público, exponiéndola al comentario y a la crítica social.
Maruja Torres subraya que "cuando escribo columnas de opinión suelo utilizar el humor, que, como todo el mundo sabe, se basa en la paradoja". Y añade: "Esta manida frase es la que utilizaba para justificarme ante los jueces del franquismo cuando me procesaban por atentar contra la moral y las buenas costumbres, y creo que hago bien en desempolvarla, pues la voy a volver a necesitar. Por si acaso, añado que no hay en mi columna sobre la señora Loyola de Palacio ningún ataque a su vida privada, sino un comentario acerca de su capacidad para involucrar a Dios -cualquier dios, echador de cartas o pulsera antirreúma- en los asuntos del Ministerio de Agricultura, que es de todos. Le aseguro al lector que habría comentado lo mismo de haberse tratado de Buda, Alá o Tanit: quizá me equivoco, pero creo que éste es aún un Estado no confesional, y que achacarle al Señor el mérito en el aumento de la renta agraria resulta tan anacrónico como pedirnos que organicemos procesiones para acabar con las sequías. Lo único que pido es que se me permita exhibir idéntico sentido del humor al que demuestra la señora De Palacio en sus afirmaciones. Y le aseguro al lector que la crítica no tiene nada que ver con la intolerancia que insinúa al referirse a mí como otra Quintana".
Aurelio Arteta, escritor y profesor de Ética, a quien el Defensor del Lector ha pedido su opinión, no niega que pueda haber una cierta frivolidad amable en la crónica del corresponsal y en la columna de Maruja Torres. Pero ¿por qué el adusto denunciante se las toma tan en serio?, se pregunta. "Pues pongámonos también serios", replica. "A mi juicio, es la propia ministra la que, al declarar a Dios nada menos que responsable de la subida de la renta agraria española (y esto es lo que cronista y articulista más subrayan), hacía mofa sin pretenderlo tanto de su condición de persona pública como de creyente. Un político, y más en un Estado aconfesional, ha de guardarse sus creencias íntimas al hablar de su quehacer público. Y a poco madura que sea su fe, un cristiano no debe creer en un Dios autor de las lluvias benéficas, porque entonces tendría que atribuirle también las desastrosas riadas, las sequías y los terremotos. Conviene separar la fe, la política y la meteorología".
La carta del lector plantea, más allá del caso concreto, una cuestión de fondo que merece una reflexión: si desde los medios laicos, agnósticos y no creyentes se asume con normalidad, sin tics y reacciones fuera de tono, el hecho religioso y sus variadas manifestaciones. Pero no vendría nada mal que desde los sectores confesionales, expresos o tácitos, se hiciera una reflexión semejante respecto de su actitud ante el pluralismo y los valores propios de una sociedad laica y democrática. Juan José Tamayo, teólogo y secretario de la Asociación Juan XXIII, recuerda el carácter monocolor que ha tenido el fenómeno religioso en España, cuya expresión más significativa fue el nacional-catolicismo en el franquismo, lo que "explica que algunos sectores no creyentes puedan conservar hoy una actitud reticente, desconfiada y hasta severamente crítica hacia el hecho religioso". "Pero hoy", explica, "el fenómeno religioso muestra una faz más plural en España: está formado por una amplia red de religiones que disponen de libertad para su actividad y vivencia; no es impositivo, sino tolerante ... ; es más respetuoso con las actitudes de increencia ... ; busca espacios de diálogo con el pensamiento moderno; se tienden puentes de encuentro en busca de unos mínimos éticos comunes; hay una presencia de las personas y grupos religiosos en ámbitos de marginación desde una perspectiva liberalizadora. Yo creo que los sectores laicos son sensibles a estos cambios y muestran respeto y reconocimiento por las aportaciones socio-culturales que el hecho religioso plural está haciendo".
Rafael Aguirre, catedrático de Teología en la Universidad de Deusto, opina por su parte que existen todavía muchos tics y prejuicios en los medios culturales laicos frente al fenómeno religioso. "La peculiar historia de nuestro catolicismo y de la Iglesia española", subraya, "explican, en buena medida, las deficiencias de la situación actual. También creo que la Iglesia tiene una tendencia marcada a crear sus propios guetos culturales. Probablemente, a los cristianos nos hace mucha falta superar corporativismos estrechos y aumentar el sentido del humor sobre nosotros mismos. Pero lo cierto es que en la Europa de nuestro entorno, como tanto gusta decir, la atención laica y científica al fenómeno religioso, y su misma presencia en los medios de comunicación (por ejemplo, en las secciones de libros de la prensa), es notablemente mayor que entre nosotros".
Los lectores pueden escribir al Defensor del Lector o telefonearle al número (91) 337 78 36.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 2 de febrero de 1997