Enhorabuena al señor Gurutz Jáuregui por su brillante exposición. Artículos como el suyo, publicado el 3 de enero, abren los ojos a tantos miembros de organizaciones no gubernamentales (ONG) que, entusiasmados con el trabajo del día a día, cualquiera que sea su actividad (cooperación, derechos humanos, ayuda a los marginados, asistencia sanitaria ... ), no acaban de darse cuenta del juego que pueden hacerle al sistema neoliberal.Es cierto que cada vez que en algún debate se plantean estas cuestiones surgen los defensores del silencio, para no desanimar a los miles de cooperantes que están dando lo mejor de sí mismos por unos ideales de justicia y solidaridad. Pero lo es también que en los últimos tiempos crece la actitud crítica, no sólo de la gente de la calle, sino también de los propios integrantes de las ONG, sobre cuál es la función real de las mismas.
Hace pocos días, en la Coordinadora de ONG de la provincia de Girona he participado en la redacción de un Código ético para las ONG. Hubo aportaciones interesantes (por ejemplo, de Cáritas o Intermón), que demuestran un cambio cualitativo en el enfoque y actitud. Es preciso un rearme ideológico (un armar el Amor al estilo Mendiluce) y una implicación de las ONG en política, pero en una nueva política, crítica con las estructuras injustas. Termino reseñando las palabras de Miret Magdalena en EL PAÍS del 7 de enero: "Se necesitaría una caridad estructural para cambiar las estructuras injustas que producen los males". Y las del director de Intermón en EL PAÍS el 5 de enero: "Las ONG no pueden convertirse en gestoras de situaciones de pobreza sin combatir las causas que la originan".- . Presidente de la ONG Plataforma de Solidaritat.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 2 de febrero de 1997