, La revuelta de Tiananmen sorprendió más a Occidente que a los propios chinos. Un régimen considerado como monolítico y brutal en su trato a la oposición dejaba que miles de estudiantes y millones de ciudadanos tomaran el corazón político de la capital. En aquella primavera de 1989, nadie daba crédito a lo que sucedía en China y penetraba en todas las casas del mundo a través de la televisión.
Aquella viveza, aquella espontaneidad de la protesta fruto de años de sumisión, no fue comprendida en Occidente. Los medios de comunicación internacionales y los centenares de periodistas extranjeros que asistían como testigos del movimiento que sacudía los cimientos del régimen chino se vieron desbordados por los acontecimientos y el propio desconocimiento de la realidad china, lo que dio fruto a la tergiversación y la exageración de los trágicos acontecimientos de junio de 1989 hasta dejar toda la importancia de aquellos hechos reducida a la llamada matanza de Tiananmen.
Por todo esto, el reportaje que dirigen Richard Gordon y Carma Hinton se agradece como una bocanada de aire fresco. En éste son las imágenes, los hechos y los protagonistas los que permiten sacar conclusiones, y no las opiniones externas, interesadas, tópicas y no siempre basadas en hechos demostrados. Se trata del fruto de seis años de esfuerzo de investigación, en el que toman la palabra algunos de los principales involucrados en aquellos acontecimientos y hablan con una franqueza que en ocasiones deja espacio a la autocrítica. Es impresionante oír a la líder estudiantil Chai Ling narrar con llanto cómo ocultó a sus compañeros que quería provocar al Gobierno hasta no dejarle más opción que sacar los tanques a la calle y matarles a ellos, a los estudiantes, para provocar el levantamiento popular que cambiaría el régimen.
El documental cuenta con magníficas filmaciones, algunas de ellas inéditas, que ilustran como nunca antes la densa y cargada, pero también dinámica, atmósfera de un desafío en el que las dos partes eran conscientes de que se estaba escribiendo Historia. Se echa en falta lo que cualquier libro de estilo exige: recoger la versión de las dos partes. No hay una sola entrevista con un dirigente chino ni mención de que se negaran a ella. La voz del régimen no tiene, por tanto, la misma intensidad que la de quienes protestaban contra él. Tal vez sea que los realizadores del documental tuvieron bastante con hacerse eco de lo que repetían, con la misma monótona voz, falta de convicción, los presentadores de la televisión comunista.
El afán por la objetividad del reportaje llega a recordar algo que casi siempre se olvida: que en Tiananmen no se luchaba -con la excepción de unos pocos- contra el régimen, sino contra la corrupción y la falta de libertad de expresión y de prensa. Y que también hubo víctimas en el bando de los que reprimieron la revuelta.
La puerta de la Paz Celestial, 23.15 en La 2. Capitalismo a la china, 1.40.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 2 de febrero de 1997