Durante las últimas semanas hemos sido testigos de la más asombrosa operación de escamoteo. Después de una sucesión de emotivos debates, primicias mundiales, confidencias a medianoche y otras figuras del periodismo de investigación, resulta que los agentes de la crisis Capello se llaman Lorenzo Sanz, Fernando Sanz, Suker y Mijatovic. Si le damos diez días más al fugitivo, sin duda aparecerán en la lista de responsables Lee Harvey Oswald, J. P. Morgan, Cicciolina, Jack Ruby, el profesor Barea y Ana Obregón. Aquí el único que no sale en la foto es el verdadero autor del sainete. O sea, Silvio Berlusconi.Para enfocar exactamente la cuestión, es necesario aceptar, sin embargo, que son ciertos los siguientes hechos: Capello se sintió incómodo con la inclusión de Fernando Sanz en la plantilla, consideró insuficientes los fichajes de Seedorf, Roberto Carlos, Sulcer y Mijatovic, y se desazonó con las indiscreciones de los directivos madridistas en materia de planes y refuerzos. La pregunta es: ¿qué repercusión han tenido en su decisión de largarse? Ninguna en absoluto. Para situar cada pieza en su sitio, basta decir que, a cuenta de las peticiones del entrenador italiano, el Madrid puso a Fernando Sanz en situación de transferible y contrató a ocho futbolistas internacionales más: IlIgner, Panucci, Prates, Secretario, Ze Roberto, Karembeu, Heriry y Rodrigo. O sea, un equipo nuevo.
Entonces, ¿por qué se va el caimán? Rebobinemos la cinta y repasemos la secuencia completa de los acontecimientos. Primera parte: Berlusconi decide dedicarse a la política, se distancia del Milan, y lo deja en manos de su factótum Galliani, que toma el mando el club a título de director general. Segunda parte: Galliani acaba de Capello hasta las pencas y decide atarle corto; Capello acaba hasta las pencas de Galliani y decide irse al extranjero. Tercera parte: en el 96, ganada la Liga, el lloroso entrenador se reúne con el jefe supremo, le dice que no puede más, le besa la mano y le pide la bendición; si un día las circunstancias cambiasen, estaría dispuesto a volver. Cuarta parte: Galliani contrata a Tavárez y se estrella, contrata a Sacchi y se estrella; para Silvio Berlusconi es hombre muerto. Quinta parte: il padrone toma la decisión final; hay que llamar a Capello y darle todo el poder. Sexta y última parte: Capello acepta, engatusa a Sanz y consigue sacarle gratis la carta de libertad. A fin de temporada, arrivederci, pardillo.
En pocas palabras, ésa es la verdad. Todo lo demás es camelo. Fabio camelo.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 5 de mayo de 1997