El Oviedo y el Zaragoza fueron conscientes de lo que se jugaban. Pero el Oviedo volvió a encontrar petróleo en la cabeza de Oli. Su gol fue un fogonazo en medio de las tinieblas, un cabezazo fabuloso, que sacó a su equipo del atolladero y, por ahora, de la promoción.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 5 de mayo de 1997