El Rácing, el Zaragoza y ahora el Compostela. Tercer pinchazo consecutivo del Betis en su feudo. Un lujo innecesario para un equipo que vive en pleno vuelo, pero al que ante su afición le salen alas de barro. Seis puntos perdidos, un capital dilapidado. La sombra de Alfonso es demasiado alargada en este equipo. Como el año pasado lo respetaron poco las lesiones, el Betis aprendió a acostumbrarse a su ausencia; esta temporada no hay quien lo toque, salvo alguna esporádica tarjeta como la que ayer le impidió jugar contra el Compostela. Justamente la semana en la que ha entrado en la versión española de la lista Forbes con un contrato de vértigo y estornudo.Este Betis sin Alfonso es mucho Betis, pero es mucho menos. El equipo bascula en torno a una trilateral de la que son arietes Jarni y Finidi. Ayer faltaba la estrella de esa pieza de ingeniería balompédica. Los demás, también juegan, están en la alineación, pero son de los no alineados.
El Compostela tomó nota de la ausencia de Alfonso. Fue en su caso una morriña en positivo: qué bueno, que no viniste. Con jugadores técnicos como Mauro y Fabiano; con delanteros hábiles, como Ohen y Popov; con futbolistas reconvertidos, como Paco Llorente -precursor de la revolución en los contratos-, el Compostela se aprovechó del desconcierto bético y también quiso apuntarse a la campaña de oportunidades Villamarín y sacar tajada donde en visitas consecutivas anteriores la obtuvieron Rácing y Zaragoza. Y lo logró.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 5 de mayo de 1997