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FÚTBOL 36ª JORNADA DE LIGA

El mejor Rayo también pierde

El Tenerife consiguió la victoria en el último minuto

No fue un resultado creíble. Porque lo que gritó al final el marcador no tiene nada que ver con lo que ocurrió en el césped. Ni soñando puede imaginarse el Tenerife una victoria así. El mejor Rayo de la temporada se asomó por Vallecas y perdió. El culpable, el único culpable, se apellida Ojeda, a quien el Tenerife debe agradecer haber salido indemne, y triunfador, de la paliza futbolística que le propino un Rayo irreconocible. Por bueno.Todos los tópicos sobre la injusticia del fútbol caben aquí. El Rayo hizo una faena dignísima. Y salió con la cabeza gacha. El Tenerife no hizo casi nada. Y ganó. Un gol en el último minuto resolvió un partido esquizofrénico, en el que el Rayo demostró que, pese a su agónica situación, es capaz de enseñar un fútbol de altos vuelos. A ratos, claro. Todo depende del criterio que le eche. Si apela al toque da gusto verle. Si la urgencia le arrastra hacia el pelotazo, se la pega, Su primer tiempo fue para enmarcarlo. Castillo tomó el mando y Abdellaoui puso su zurda al servicio del buen fútbol. El Rayo, entonces, soñó. Aún es más, deleitó.

Convidado de piedra en el momentáneo éxtasis rayista fue un Tenerife huérfano de casi todo. El buen fútbol, que se le supone, se quedó ayer en eso, en una suposición. Todos los detalles de buen gusto llevaron la firma del Rayo. Excepto las paradas de Ojeda y el gol de Vivar Dorado.

El Tenerife tardó en enterarse de qué iba el asunto, escondido como estaba en su desgana. Aquello olía a goleada y acabó en victoria tinerfeña. Inexplicable. El Rayo se hartó de Ojeda y reculó. Le dio por el pelotazo, anticipo del suicidio. El Tenerife, la fuerza ahorcan, se fue arriba. Marcó y el Rayo acusó el Ipe. Pero no se deshizo. Y tampoco Ojeda. Un mal menor se antojaba el empate cuando Pinilla se encontró de frente a Contreras. Y la red volvió a moverse, para desesperación de un público que juraba y perjuraba haber visto perder a un Rayo que a ratos rozó la perfección.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 5 de mayo de 1997