El presidente José María Aznar tiene ya decididas las líneas maestras de la reforma del servicio secreto: el Centro Superior de Información de la Defensa (Cesid) cambiará de nombre, será "redimensionado" y se desligará del Ministerio de Defensa pasando a depender de Presidencia, bajo las órdenes de Álvarez Cascos. La reforma, sin embargo, no será inmediata, ya que el Gobierno debe robar antes la ley de Secretos de Estado, lazada por razones de oportunidad.
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Aznar ha decidido ya que el Cesid se desvincule del Ministerio de Defensa, del que depende desde que hace casi 20 años, el 4 de julio de 1977, fue creado por el teniente general Gutiérrez Mellado. La homologación con la mayoría de los países occidentales es uno de los argumentos esgrimidos para trasladar el servicio secreto al Ministerio de la Presidencia, cuya sede está en el mismo Palacio de La Moncloa.Álvarez Cascos no se limitará a coordinar los distintos servicios de información encuadrados en Interior y Defensa, como estaba previsto en los proyectos iniciales del Gobierno, sino que será también el responsable directo del más importante de ellos. Cascos lleva trabajando desde hace varios meses en la reforma del servicio secreto y cuenta para ello con el asesoramiento de un ex agente del Cesid, el coronel de Infantería Francisco Parra Cuadro, que ha sido adscrito al gabinete del vicepresidente.
También está decidido que el servicio secreto cambie de nombre, ya que el actual se considera "quemado" por los últimos escándalos. Aunque no se conoce todavía su nueva denominación, es seguro que de la misma desaparecerá la palabra "Defensa", mientras que deberá figurar el término "Inteligencia" y alguna alusión expresa a su carácter "Nacional", "Español" o "del Estado". Entre otras combinaciones, se citan las de Centro Nacional de Inteligencia o Servicio de Inteligencia del Estado.
Las fuentes consultadas, dan por seguro que el nuevo servicio de inteligencia tendrá un jefe civil, aunque la sustitución del actual director, el teniente general Javier Calderón, se contempla como la culminación de un proceso que se presume prolongado.
Quizá la mayor dificultad radique en el propósito de "redimensionar", es decir, reducir, el servicio secreto para adaptarlo a las necesidades del presidente. El Cesid cuenta con unos 1.800 agentes y un presupuesto anual de 16.500 millones de pesetas, de los que 10.000 corresponden a gastos de personal.
En varias reuniones con parlamentarios, Calderón ha afirmado que el tamaño actual del centro es el mínimo necesario para atender las misiones encomendadas y que, proporcionalmente, resulta mucho más modesto que sus socios extranjeros. De hecho, el Cesid está inmerso en un proceso de profesionafización en el que, hasta ahora, sólo ha prescindido de 30 agentes. El hecho de que los demás hayan sido profesión al izados, habiendo adquirido el derecho a, permanecer en la casa hasta su jubilación, complica cualquier intento de reducir los efectivos.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 5 de mayo de 1997