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Los Reyes inician esta tarde en el Kremlin su segunda visita oficial a Moscú

Don Juan Carlos y doña Sofía serán recibidos esta tarde en el Kremlin, si todo marcha según lo previsto, por el presidente de Rusia, Borís Yeltsin, y su esposa, Naina, en su segundo viaje oficial a Moscú. En el primero, en mayo de 1984, sus anfitriones fueron el secretario general del PCUS, Konstantín Chernenko, máximo dirigente soviético desde febrero de aquel año hasta su fallecimiento, en marzo de 1985, y su mujer, Ana. Entre ambas visitas media una enorme distancia histórica, caracterizada por el fin del comunismo, el desmoronamiento de la URSS y la desmembración de aquel Estado en 15 países.

El primer viaje oficial de los Reyes a Moscú, en 1984, tenía un alto contenido simbólico, pues suponía la normalización total de las relaciones entre España y la URSS y la superación definitiva de la Guerra Civil. La imagen histórica fue la entrañable reunión de don Juan Carlos y doña Sofía con los republicanos españoles. La visita actual no tiene aquel contenido, pero debe servir para dar "un impulso" a las relaciones económicas y comerciales, crónicamente "por debajo de sus posibilidades".Pese a los cambios, entre la primavera de 1997 y la de 1984 existen sorprendentes paralelismos. Hoy, en Rusia, todos parecen haber olvidado a Konstantín Chernenko, que en aquellos días tenía mal aspecto y tuvo que ser asistido para salir del coche oficial y abrocharse la gabardina. Pero, como hace 13 años, los ojos de los periodistas tratarán de adivinar por los ademanes, la fluidez verbal y la ligereza del paso el estado físico y anímico de Borís Yeltsin, operado del corazón en noviembre y que desde entonces ha tenido altibajos en su salud. Occidente está tan preocupada por el postyeltsinismo como lo estaba por el postbrezhnevismo.

Hoy como ayer, la OTAN es telón de fondo. En 1984, la URSS mostraba cierta irritación por los planes de España de incorporarse a la Alianza Atlántica y protagonizar la primera ampliación de esta entidad desde el ingreso de la República Federal de Alemania, en 1955. En contraste, el Pacto de Varsovia carecía de posibilidades de ampliarse y, además, evidenciaba ya sus irreparables grietas. La presencia de don Juan Carlos en Moscú creaba vínculos intereuropeos más allá de los bloques y cumplía una función política.

Ahora, como entonces, la OTAN vuelve a ampliarse, esta vez con los antiguos aliados de la URSS, y las grietas ya no están en el extinto Pacto de Varsovia, sino en el territorio de la Comunidad de Estados Independientes (CEI), formada por los países que antes eran parte de la URSS. De nuevo, la presencia del Rey puede servir para subrayar la voluntad de conservar una unidad europea pese a las contradicciones entre Rusia y sus vecinos occidentales.

Cita con el Boishoi

Apenas cuatro horas, después de que su avión aterrice esta tarde, en el aeropuerto Vnukovo 2 y previa ceremonia oficial de bienvenida en el Kremlin por parte, según lo previsto, de Yeltsín, don Juan Carlos y doña Sofía asistirán en el celebérrimo teatro Bolshoi a una representación especial en su honor del ballet Las sílfides. Como. se decía antes, estará allí el todo Moscú.

El día fuerte de la visita de Estado será mañana, cuando el Rey se entrevistará con Yeltsín, presidirá con el viceprimer ministro, Borís Nemtsov, la clausura de la reunión hispano-rusa de hombres de negocios y se reunirá con la colectividad española, con más de 1.000 integrantes.

También el martes, el matrimonio Yeltsín ofrecerá una cena en honor de los Reyes en la sala de San Jorge, del Kremlin. Horas antes, don Juan Carlos y doña Sofía se habrán reunido en la catedral de la Asunción con el patriarca ortodoxo, Alexis II. Es éste un personaje de gran importancia en los últimos años por el resurgir religioso, en parte promovido desde un poder que quiere encontrar un ancla, un alma o una referencia nacional por encima de la política de partidos. La religión es una posibilidad. El retorno de los Romanov, hipótesis aún remota, otra.

Un dato, significativo es el de que Alexis II tiene encima de la mesa un expediente caliente, el de la canonización del último zar, Nicolás II, y su familia, fusilados en 1918 en Ekaterimburgo. Otro de talle no menos sugerente: un Romanov de 16 años, el príncipe Jorge, que habla el inglés y el español tan bien como él ruso, y que es el principal candidato, a la, sucesión estudia y vive en Madrid. Los Reyes estuvieron en, su bautizo.

Otro punto fuerte de, la visita real será el museo Pushkin, donde hasta el 20 de junio permanecerá abierta una exposición, de arte español contemporáneo, con cuadros de Picasso, Miró, Dalí, Gris y Julio González

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 5 de mayo de 1997

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