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La reforma constitucional y del Estado de bienestar, prioridades de Blair

La composición del nuevo Gobierno laborista presidido por Tony Blair deja pocas dudas sobre las prioridades de la nueva Administración británica. Reforma de la Seguridad Social y de la Constitución se sitúan a la cabeza de un programa de medidas que "representará un verdadero cambio" para el país, según declaró ayer el viceprimer ministro, John Prescott. Aunque el primer Gobierno de Blair es completamente monocolor, si bien atendiendo a las distintas sensibiliades del partido, el primer ministro ha admitido en cargos secundarios a varios expertos independientes.

El misterio en torno a la posición que ocupará en este Gobierno Peter Mandelson, el maquiavelo laborista artífice de la estrategia de campaña, quedó desvelado ayer cuando se hizo público que será ministro sin cartera. Un puesto desde el que Mandelson podrá cumplir su sueño, expresado en una entrevista en la cadena BSkyB, "de colaborar en la aplicación estratégica de nuestras políticas y supervisar el cumplimiento de nuestro programa". Una de esas políticas estratégicas del Nuevo Laborismo será la remodelación de la Seguridad Social que, con un presupuesto de 90.000 millones de libras (más de 18 billones de pesetas), representa la parte del león en las cuentas del gasto público.Un aspecto que el nuevo Gobierno tiene que abordar inmediatamente es el relativo a las pensiones. Los conservadores habían hecho pública su intención de privatizarlas en el plazo de 40 años, proporcionando con ello a los laboristas un eficaz elemento de propaganda negativa durante la campaña electoral. Pero una vez conquistado el poder, a Blair no le queda más remedio que intentar encontrar una solución que ponga freno al galopante gasto que representa para el país disponer de una fuerza laboral cada, vez más reducida obligada a soportar a unas clases pasivas cada vez más amplias.

Cambio radical

El nombramiento como número dos en el Ministerio de Seguridad Social de Frank Fields, un atrevido modernizador que el pasado otoño ya dijo que había que "pensar lo impensable" cuando publicó un borrador de reforma de las pensiones y de las ayudas a los parados, ha sido interpretado como una clara señal de que Blair se dispone a cambiar de arriba a abajo el actual sistema.En cuanto a la Constitución, algunas de las promesas programáticas laboristas resultan cuando menos complicadas de aplicar en estos momentos. La reforma de la Cámara de los Lores, por ejemplo, donde laboristas y liberal demócratas quieren acabar con el derecho al voto de los lores hereditanos, puede terminar alterando la función completa y hasta la composición de la Cámara alta, que un sector de la clase política británica desearía convertir en una cámara elegida por votación pública, como la de los Comunes.

Más sencilla parece la puesta en marcha de los referendos autonómicos que prometieron celebrar los laboristas en Escocia y País de Gales, mientras existen serias dudas de que la prometida Declaración de Derechos de los británicos y la Ley de Libertad de Información figuren en el programa de este primer Gobierno laborista que leerá la reina el próximo 14 de mayo. El canciller del Exchequer (ministro de Finanzas), Gordon Brown, podría ordenar en breve una subida de los tipos de interés, apenas se reúna pasado mañana con el Gobernador del Banco de Inglaterra, Eddie George. Brown prepara los últimos detalles del presupuesto de emergencia que presentará el Gobierno en julio donde se espera figure una reducción del IVA en algunos combustibles y la imposición de un impuesto único a las empresas de bienes públicos que fueron privatizadas por los conservadores.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 5 de mayo de 1997

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