"Los mexicanos están heridos". Las palabras del embajador de México en Estados Unidos, Jesús Silva Herzog, definen el mar de fondo que el presidente norteamericano, Bill Clinton, encontrará en su primera visita oficial a este país. Los reveses que Washington ha propinado recientemente a su vecino del sur en dos de los principales frentes bilaterales, la lucha contra el narcotráfico y la inmigración ilegal, han generado un profundo malestar en México, que la presencia de Clinton tratará de aliviar. Y es que pesar de las sintonías comerciales y políticas, los dos países siguen separados por un abismo.Varios analistas han señalado la tardanza del presidente de EE UU en venir a México, que gracias al Tratado de Libre Comercio de ha convertido en su tercer socio comercial, después de Canadá y Japón. Sea como fuere, la llegada del mandatario norteamericano no puede ser más oportuna para limar las asperezas surgidas en tomo a los dos principales problemas que permean los 3.000 kilómetros de frontera común: las drogas y los indocumentados. Casi el 70% de la cocaína consumida en EE UU llega desde México, que además tiene a 20 millones de sus naturales viviendo "al otro lado". De ellos, casi tres millones están en situación ilegal.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 5 de mayo de 1997