Se equivoca quien pretenda politizar el Festival Internacional de Cine de Madrid. Mientras yo lo dirija, y gobierne quien gobierne, no permitiré injerencia alguna en lo que me afecta: la gestión cultural. (La financiera corresponde a Ficma, y renuncié desde el principio a inmiscuirme dentro de un mundo que desconozco, pero que me atañe, en cuanto a que es imprescindible la fuente de recursos -muy escasos este año- que posibilite un proyecto que nace ambicioso).Pero no es mi estilo quejarme ni quiero anticipar contestaciones a algunas de las imprecisiones que se han vertido públicamente. Me parece más ético hacerlo primero vis a vis en los despachos correspondientes. Creo que hemos seguido los pasos correctos: Ministerio de Cultura, Comunidad de Madrid y Ayuntamiento. Los máximos representantes respectivos han accedido a formar parte del comité de honor. Es obvio que, en democracia, el festival, aun debiéndose al impulso de la iniciativa privada, tiene que estar con los poderes públicos -que emanan de la voluntad popular, sin que esto signifique supeditación o dependencia (lo contrario de lo que ocurría en la dictadura: lo correcto era estar en contra, como el valeroso Julio Diamante en Benalmádena).
La primera edición ha estado llena de sobresaltos y dificultades, que se han ido venciendo con mayor o menor fortuna. Los primeros mazazos los hemos recibido incluso antes de nacer. No se le puede pedir a, un festival de este formato -gran formato: 130 películas, 26 sesiones diarias...- que nazca ya consolidado. Ya se consolidará. Y que conste que cuando se consolide me dejará de interesar. O no sentiré el entusiasmo que ahora me mueve.
En todo momento he estado dispuesto a reconocer los errores cometidos en esta primera edición. Pero tampoco. deben silenciarse los éxitos. Los primeros han estado casi siempre supeditados a la escasez presupuestaria, lo que no ha impedido que haya venido gente como Manoel de Oliveira, Maurizio Nichetti, James Foley, María Félix, Tom Sizemore, Gina Lollobrigida y un excelente plantel de artistas y directores argentinos, entre otros; y los segundos se han dado en el terreno más propio de un festival de cine: las películas. No es ocioso que el presidente del jurado oficial de nuestro primer festival haya afirmado públicamente: "He presidido en diferentes ocasiones el jurado de festivales internacionales, como Cannes, y es la primera vez que me encuentro, entre las películas a concurso, con cuatro descubrimientos: son cuatro obras maestras que justifican por sí solas un festival en el que la calidad media de las películas ha sido muy alta". Y esto lo ha dicho uno de los intelectuales más representativos de la cultura en la segunda mitad del siglo XX, uno de los creadores del nouveau roman, el autor del texto de una película tan emblemática como El año pasado en Mariembad: Alain Robbe-Grillet. Francés.- Directo del Festival.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 5 de mayo de 1997